sábado, 10 de octubre de 2009

Joselillo (I/III)

El próximo miércoles se cumplen 62 años de la muerte de Laurentino José López Rodríguez, Joselillo. Aquí les presento un repaso de la vida y del breve paso por los ruedos de este verdadero fenómeno de la novillería, organizado a partir de una conferencia que se me invitó a impartir dentro de la Semana Cultural Taurina de la Academia Taurina Municipal de Aguascalientes, en agosto de 2002.



De Nocedo de Curueño a Gijón

Laurentino José López Rodríguez fue originario de Nocedo de Curueño, provincia de León, lugar que como Aguascalientes, se distingue por las calientes aguas que brotan de su suelo, en las estribaciones de la cordillera Cantábrica, más o menos a la mitad del camino entre León y Oviedo, el lugar en el que la piel de toro inicia su encuentro con el mar.

En el año de 1924, José Luis, el mayor de los nueve hermanos López Rodríguez, marcha a México y en 1932, a la muerte de su madre, solicita a su padre que le envíe a uno de sus hermanos para que le haga compañía y le ayude a proveer al hogar familiar. El elegido por su padre, don Victoriano López es el menor, Laurentino José, que nacido el 12 de julio de 1925, es apodado a esa corta edad El Vivo y el 24 de junio de ese año, es puesto a bordo del Cristóbal Colón, para hacer el viaje de Gijón a Veracruz, iniciando el camino que quince años después, terminaría en el ruedo de la plaza de toros más grande del mundo.

En México

Al llegar a la otrora región más transparente del aire, tras el paso del verano, que sirvió a Laurentino para conocer la ciudad y ambientarse en ella, es inscrito en el colegio Cervantes, pues la pretensión de José Luis era que su hermano menor tuviera las oportunidades que no estuvieron a su disposición. No obstante esos buenos deseos, la realización personal de El Vivo no estaría entre libros y cuadernos. Terminó su instrucción primaria más por la exigencia de su hermano mayor, que por convicción. Con aptitudes para el dibujo, sus preceptores escolares sugirieron que se enrolara en una academia de artes plásticas. Por su parte José Luis pretendía que Tino estudiara una carrera comercial, misma que le daría las armas necesarias para bastarse a sí mismo. La respuesta de su hermano menor a esas insinuaciones fue tajante: Yo seré millonario sin trabajar y mucho menos, sin estudiar…

Primero el fútbol y a partir de su asistencia a una corrida de toros en 1942, los toros fueron el tema de la lectura y de la conversación de Laurentino, quien confesó a su amigo Aurelio García su deseo de hacerse torero. Orientados por otros maletillas, llegan a una finca ganadera conocida como El Pedregal, propiedad del señor Jerónimo Merchand, en las inmediaciones de la Villa de San Ángel. Allí, por algo más de diez pesos, le echaban vacas de media casta a quienes querían torear, amenizando sus hazañas con uno o varios pasodobles reproducidos por un fonógrafo de la época.

Al principio no se decidía, pero cuando lo hizo, Laurentino se tiró al ruedo y clavando los pies en la arena citó a la vaca. Ésta se arrancó y él, quieto como un poste, aguantó la acometida y cuando la vaca llegó a su jurisdicción, dejó caer los brazos para marcar una verónica, esbozando por primera vez la manera de torear que tantas pasiones levantaría después en las plazas de toros. Quiso repetir el lance, pero fue empitonado, recibiendo una paliza de órdago.

En el invierno de 1944, Laurentino José López Rodríguez vistió por primera vez un terno de luces. Salió como sobresaliente en una novillada que en Tepeji del Río daban Juan Vela y Javier Mejía. Esa tarde solamente partió plaza, pues confesaría después a Aurelio García que el ambiente vivido esa tarde le causó mucho miedo, por lo que no hubo poder humano que lo sacara del burladero en el que se refugió, más como nos lo enseña la historia, ese sentimiento de Laurentino no alcanzaría a dominarle.

Nace Joselillo

Aurelio García era originario de Álvaro Obregón, Tabasco. En ella vivió sus primeros años y aprovechando las relaciones dejadas por su familia en aquél lugar, convence a las Autoridades Municipales y a la Junta de Mejoras Materiales de que una manera de allegar recursos para financiar sus proyectos, era la organización de festejos taurinos. Contando ya con el beneplácito de las autoridades obregonenses, organiza una cuadrilla en la que participarían Antonio Márquez, Javier Mejía y Roberto Vázquez, que junto con Laurentino y Aurelio se repartirían la calidad de matadores en esa gira por el sureste mexicano.

Llegó el momento de anunciar los festejos y advirtieron que el nombre de Laurentino no era muy afortunado en los carteles, por lo que se buscó la manera de anunciarle. Al final de cuentas, los aventureros decidieron prescindir de su primer nombre y del apellido paterno, para quedar como José Rodríguez. Una vez acordado que así se le anunciaría, Antonio Márquez propuso que se le apodara Joselillo, aceptándolo el torero. En ese momento nació para la eternidad, la manera en la que nuestro personaje sería conocido.

Los triunfos en Álvaro Obregón llevaron a la cuadrilla a actuar en Villahermosa. Allí alternaron con Emiliano Vega y Paco Herros. Entre las cuadrillas iba el banderillero Manuel González Pinocho, quien pronto advirtió que en Joselillo podría haber una figura del toreo.

Don Dificultades



Pinocho por un lado y Aurelio García por el otro, presentaron a Joselillo con el personaje que sería definitorio en la breve existencia de éste. Se trata de José Jiménez Latapí, periodista y apoderado de toreros y ganaderías, vecino de la ya mítica calle del Pino y conocido en el ambiente como Don Dificultades o como El Ogro del Pino, quien advirtió de inmediato la planta torera de Laurentino, efectivamente parecía torero y también se percató de la facilidad que tenía para cautivar a quienes le rodeaban.

Tras de un tiempo, El Ogro consideró que Laurentino ya había asimilado la teoría predicada en la calle de El Pino, por lo que le llevó a la ganadería de Santín, propiedad de Juan de Dios Barbabosa y que él representaba, para verlo ponerla en práctica. Ante las vacas, Joselillo demostró que era capaz de quedarse completamente quieto, haciendo el toreo con un emocionante juego de brazos y de muñecas. Ante la evidencia, Don Difi se convenció que estaba delante de un verdadero fenómeno.

Corre ya el año de 1945 y don José decide que ya es tiempo de ver a Joselillo delante del toro. Pacta con Guillermo Martínez El Pilón la presentación en la placita de Puente de Vigas para el día 3 de abril de ese año y repite los días 10, 17 y 24 de ese mismo mes. Esas actuaciones le permitieron afiliarse a la Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos, pues por esas calendas se exigía que los aspirantes a novillero presentaran cuando menos tres programas de actuaciones con picadores.

Por esas fechas tanto Aurelio García, como Antonio Márquez hicieron su presentación en los Jueves Taurinos que en El Toreo daba Antonio Algara. Por intermedio de Aurelio, Tono invitó a Joselillo a presentarse en esas novilladas de oportunidad, de las que había surgido Luis Procuna. El Ogro no aceptó la oferta, pues decía: O tenemos un triunfo de clamor o un fracaso estrepitoso…

La gloria, antesala de la muerte

Para iniciar 1946, Joselillo realiza otra gira por el Sureste, actuando principalmente en Tabasco y Campeche, destacando sus actuaciones de los días 14 y 29 de abril. Regresa a México a la mitad de mayo y se entera de que su apoderado, José Jiménez Latapí le había ajustado su presentación en la recién inaugurada Plaza México.

El cartel anunciado para el 25 de agosto de 1946 se componía con ocho novillos de Chinampas, propiedad del Dr. Manuel Cortina Rivas, vecino de Ojuelos, Jalisco, formada con pura sangre de La Punta y Matancillas, ganadería que hacía su presentación en la Capital, para ser lidiados y muertos a estoque por Manuel Jiménez Chicuelín, Pepe Luis Vázquez, Fidel Rosalem Rosalito y José Rodríguez Joselillo, que hacía su presentación en esa plaza.

La tarde fue lluviosa y la entrada no fue lo buena que se esperaba, no obstante que Chicuelín y Pepe Luis eran los triunfadores de lo que iba de la temporada. Ante el cuarto de la tarde, Joselillo realiza el toreo que él intuía y corta el rabo de Campero. Sin importar el clima, ni las constantes interrupciones del festejo para componer el ruedo, la gente que asistió se queda hasta el final de su actuación.

Tras la euforia del primer triunfo, no tardaron en aparecer las voces de aquellos a los que nada les parece bien. El primer punto de apoyo que tuvieron, fue el de la nacionalidad de Joselillo. Hasta sus propios paisanos le hostilizaban por considerar que era un rojo transterrado – se decía que era uno de los niños de Morelia – y por otra parte, también La Porra se encargó de hacerle amarga la existencia en el ruedo de Insurgentes.

Por si algo faltara, trascendió el diferendo de Don Difi con la empresa, a cargo de Miguel Simón, acerca de los dineros que consideraba debía percibir su torero. Joselillo recibió setecientos pesos por su presentación en la México. Tras el triunfo, Jiménez Latapí exigió diez mil por novillada, lo que incomodó al sobrino de Don Neguib. Después de un publicitado estira y afloja, se convino en ocho mil quinientos pesos por novillada, suma bastante fuerte para la época.

Reaparece el miércoles 4 de septiembre y actúa los días 6, 8, 15 y 29 de ese mes; el 6, 13, 20 y 27 de octubre y el 3 de noviembre se presenta en Guadalajara para alternar con el texcocano Jorge Medina y Javier Gómez en la lidia de novillos de Santín. Laurentino quedó inédito esa tarde, pues al salir al quite en el que abrió plaza, se llevó una cornada de doce centímetros. Se escapa de la enfermería y el segundo de su lote, quinto de la tarde, le infiere otra de dieciocho centímetros, ambas en la pierna derecha. Entrevistado al recuperarse de las heridas, se le preguntó por qué no se quedó adentro desde la primera cornada, a lo que respondió: La plaza está llena y yo no puedo defraudar a ese público que ha venido a verme.

El ritmo que llevaba era vertiginoso.

1947, un año de imposible olvido

Tras la convalecencia, que aprovechó para recibir junto a Manolete el trofeo al novillero triunfador de la temporada, Joselillo regresa a Guadalajara, actuando en la calle del Hospicio el 12 de enero de 1947, con poca fortuna y el día 26 siguiente, en la disputa de un Estoque de Plata junto con Paco Rodríguez, Pepe Luis Vázquez y Luis Solano. Los novillos fueron de Matancillas.

De esta última tarde, Paco Madrazo refiere que por fin se pudo ver a Joselillo en Guadalajara, quien cortó la oreja a Rondeño, cuarto de la tarde y se llevó el trofeo en disputa. Continuó su campaña por la provincia mexicana y el 5 de febrero actuó en Morelia, después fue a Mérida y a Campeche, dejando en esas plazas su carta de presentación.

Tras de que Manolete terminara su campaña en Mérida, sobrevino otra ruptura de las relaciones taurinas entre España y México. A partir de esa situación, se le impidió actuar a Joselillo, aduciendo que su nacionalidad era española. Lo que ignoraban los que a toda costa querían acabar con él, era que a principios de ese año, la Secretaría de Relaciones Exteriores le había otorgado la carta de nacionalidad mexicana.



Planteada la situación a la Unión, en asamblea, se decidió apoyar la propuesta de Jesús Guerra Guerrita, a la sazón Secretario General de la agrupación, en el sentido de que todos aquellos toreros españoles que hubieran adquirido la nacionalidad mexicana antes de la ruptura del convenio, podrían actuar sin problema alguno. Al enterarse del acuerdo, el 11 de marzo, Joselillo dirigió la siguiente comunicación a la Unión:

El acuerdo tomado en la última asamblea de nuestra Agrupación, en que se trató mi posición de la misma con motivo de la ruptura del Convenio Taurino Hispano – Mexicano, ha sido para mi una gran satisfacción que no puede expresarse con palabras y también un lazo de gratitud que ata para siempre mi reconocimiento y cariño a todos los compañeros de profesión que en forma tan espontánea y unánime votaron a favor mío.

Desde niño he vivido en México, en México me estoy haciendo torero y en esta bendita tierra están mis afectos, mis ilusiones y mis esperanzas.

El año pasado, cuando nadie podía sospechar que estuvieran en peligro de romperse o de interrumpirse siquiera las relaciones taurinas hispano – mexicanas, por propia convicción, no por amor al interés, sino por amor a este país donde no me considero un extraño, sino el más humilde e insignificante de sus hijos, solicité mi carta de naturalización en la Secretaría de Relaciones Exteriores, la cual hice llegar a ustedes en su oportunidad. Soy, pues, mexicano; si no por nacimiento, si por amor a México, por estar identificado con sus costumbres, su gente y sus cosas. Así lo he manifestado, no ahora, sino siempre, cuando soñaba con llegar a torear y cuando nadie sospechaba que se tuviera en cuenta la nacionalidad para vestir el traje de luces. Mis sentimientos mexicanistas, mis documentos de nacionalización como mexicano, confirman en todo lo antes expuesto ante el justo criterio de ese H. Comité Ejecutivo.

La forma espontánea y unánime con la que la Asamblea de la Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos tomó el acuerdo de autorizar mis actuaciones ilimitadamente en las plazas de toros del país por considerarse, porque lo soy, ciudadano mexicano con derechos y obligaciones, me hace un honor que sabré estimar y corresponder dignamente, en el ruedo como torero y en todos los actos de mi vida como hombre.

Ruego a ese H. Comité Ejecutivo se sirva recibir la más honda y sincera expresión de mi reconocimiento por el acuerdo a que me refiero, gratitud para todos y cada uno de mis compañeros y para la Unión Mexicana de Matadores de Toros y Novillos, a la cual me honro en pertenecer, muy orgullosamente.

Gracias como torero y como hombre. Y gracias, también, como ciudadano mexicano, por el reconocimiento de mis derechos.

Soy de ustedes afectísimo compañero.
(José Ramón Garmabella, Joselillo. Vida y Tragedia de una Leyenda, México, 1993, Págs. 111 y 112)


Dadas las cosas de esa manera, Joselillo no vuelve a actuar sino hasta el primero del mayo en Monterrey y el 18 del mismo mes en Tampico.

Por esas fechas se anuncia también su contratación para la temporada de novilladas que comenzaba en la plaza más grande del mundo. A partir del hecho de que Joselillo la llenaba cada vez que se presentaba, Don Dificultades consigue que los honorarios de su torero sean cubiertos a partir de un porcentaje del producto de las entradas, en contra de lo que pretendía el nuevo empresario, Tomás Valles, que era el pagarle quince mil pesos por actuación.

El chihuahuense Valles no se quedaría con la espina clavada. Pronto reaccionó y dejó correr en los medios la versión de que para satisfacer la desmedida e injusta ambición del novillero, estaba obligado a subir los precios de entrada a la plaza. Ese anuncio provocó la ira de los públicos, que a la menor provocación le echaban en cara su origen español y le exigían como si se tratara de una figura cuajada, sin reparar en que al inicio de lo que sería su última temporada capitalina, apenas llevaba toreadas unas quince novilladas con ganado de casta.

La temporada de 1947 constó de veintisiete novilladas y Laurentino actuó en seis de ellas, siendo víctima de una saña brutal desde los tendidos. Eso se refleja en sus resultados, que no son muy halagadores. El primero de junio se le va vivo el segundo de la tarde y siete días después, un novillo de Carlos Cuevas le manda al taller de las reparaciones por casi dos meses. Es en esa convalecencia que Joselillo hace la siguiente reflexión a su hermano José Luis:

Todos tienen derecho a opinar según sus gustos y no es posible que una sola persona, un torero en este caso, pueda satisfacer todas las opiniones. Si muchos van a la plaza a meterse conmigo, tal vez no lo hagan por maldad sino porque su gusto en el toreo difiere con lo que soy y lo que puedo dar. Aunque, eso sí, deberían tener presente que les doy cuanto tengo y que jamás he escatimado esfuerzo alguno para dárselos… (Garmabella, Op. Cit., Pág. 125)

domingo, 4 de octubre de 2009

Como ante el toro, se vale rectificar...

Don Ignacio Ruiz Quintano mantiene una bitácora titulada Salmonetes Ya No Nos Quedan, en la que trata, según su subtítulo, temas de la vida privada y como ocasionalmente entre estos se cuentan los de esta fiesta, con esa frecuencia lo visito. En la entrada fechada el día de hoy me he encontrado allí con una cita que me obliga, casi, como dijera el inmortal López Velarde, a alzar la voz a la mitad del foro y a señalar una necesaria precisión -lo hago aquí pues en la bitácora no veo la posibilidad de hacer comentarios a las entradas allí puestas- y una anécdota concomitante.

La cita en cuestión es la primera cuarteta del soneto Tiempo, obra de don Renato Leduc y no como erróneamente lo señala el señor Ruiz Quintano, de Rubén Fuentes Leduc. Ese soneto, cuenta la leyenda, se escribió aquí en Aguascalientes, en lo que en su día fue el Hotel Francia y que hoy es una tienda de departamentos.

Allí, en el bar, durante la Feria de San Marcos se reunían personajes como José F. Elizondo alias Pepe Nava, Antonio El Brigadier Arias Bernal, Miguel Álvarez Acosta y otros conspicuos miembros del ámbito cultural de este país y entre los que escribían, se daban pies para después versificar en torno a ellos, en un grupo conocido como La Cofradía del Petate según me ilustra el buen amigo don Gustavo de Alba y que patrocinaba el entonces Gobernador del Estado Edmundo Gámez Orozco desde sus tiempos de Senador.

Afírmase que la palabra tiempo es complicada para ello -algunos dicen que es de rima imposible- y se la lanzaron a Leduc -tío por cierto del matador de toros Rogelio Leduc, ya fallecido- durante esa especie de certámen paralelo a los Juegos Florales correspondientes al mes de abril de 1950 0 51 y en un rato don Renato armó el siguiente soneto:

Sabia virtud de conocer el tiempo;
a tiempo amar y desatarse a tiempo;
como dice el refrán; dar tiempo al tiempo…
que de amor y dolor alivia el tiempo.

Aquel amor a quien amé a destiempo
martirizóme tanto y tanto tiempo
que no sentí jamás correr el tiempo
tan acremente como en ese tiempo.

Amar queriendo como en otro tiempo
—ignoraba yo aún que el tiempo es oro—
cuánto tiempo perdí —¡ay!— cuánto tiempo.

Y hoy que de amores ya no tengo tiempo,
amor de aquellos tiempos, cómo añoro
la dicha inicua de perder el tiempo…

Años después, un gran músico mexicano, Rubén Fuentes, hizo la parte musical de la obra para que voces como las de Pedro Vargas, Marco Antonio Muñiz -que hizo una real creación de ella- y muchos otros, cantaran la obra de don Renato, que es el único autor de la parte literaria de Tiempo.

Como ante el toro señor Ruiz Quintano, se vale y a veces es necesario rectificar...


Edito esta entrada al día suguiente de su publicación, con la docta ilustración del buen amigo don Gustavo de Alba y agrego además, que en los muros del Bar del Hotel Francia, durante muchos años estuvo un bronce que perpetuó la creación de esa obra de Renato Leduc.

Rafael Ortega: La injusticia de las apariencias

El toreo no tiene sentido si no matas tu mismo al toro. Es como la rúbrica de una carta, que si no la firmas, no es tuya.

Rafael Ortega Domínguez

Paco Abad me ha puesto en suerte este tema y es que hace un par de días se cumplieron 60 años de la alternativa de El Tesoro de la Isla, torero originario de la Ilustre Villa de la Real Isla de León, desde 1813 Isla de San Fernando, en donde nació el 4 de junio de 1921. Su padre, Baldomero Ortega Mata, fue torero de fiestas populares como la del toro del aguardiente y su tío Rafael, conocido como Cuco de Cádiz, en su día fue banderillero de postín y en su carrera servirá en las cuadrillas de los hermanos Juan, Pepe y Manolo Belmonte.

El 17 de agosto de 1947, se presenta en Barcelona con poca fortuna y logra debutar con caballos en La Maestranza de Sevilla el 19 de octubre, también con poco que contar, no obstante, sus buenos procedimientos le consiguen entrar al cartel de un festival benéfico que se llevó a cabo el 16 de noviembre de ese año en el propio albero maestrante.

Al año siguiente, el 4 de abril, reaparece vestido de luces en El Baratillo, flanqueado por Frasquito y Sergio del Castillo y llevando por delante a don Ángel Peralta a efecto de lidiar a muerte novillos de Guerra y Díaz Garro. La crónica de Don Fabricio en la edición sevillana del diario ABC del día 6 de ese mismo mes es ditirámbica pero ilustrativa:

Parece increíble lo que nuestros ojos vieron el domingo en la Maestranza. Avezados estamos a testificar brillantísimas presentaciones de novilleros y cada vez que en cumplimiento de nuestra obligación, hemos de comentar cualquiera de estos felices sucesos, lo hacemos con cierta reserva… Pero la presentación de Francisco Sánchez “Frasquito”, acontecimiento que tuvo lugar el domingo próximo anterior en “la del amarillo albero”, nos induce a quebrar la norma… porque lo hecho por “Frasquito” no puede ser producto del acaso… de ahí que auguremos a “Frasquito” por esta sola vez sin la menor reserva, una carrera brillante y rápida… Rafael Ortega hubo de estoquear cinco novillos por percances de sus compañeros y lo hizo sin apuros. Se mostró capoteador de categoría en todo instante… Con la muleta demostró su idoneidad y en sus faenas hubo momentos brillantes… En esto paró la fiesta del domingo anterior, que, a buen seguro, habrá de grabarse en áureos caracteres en los anales del toreo, porque señala el acto de presentación de un torero, viva estampa del llorado Manolete, al decir de los más, pero del Manolete consagrado, que al entrar en la plaza era Frasquito, principiante y al salir, Frasquito, maestro…

Este resultado parecería ser que evitaría el ulterior progreso de Rafael Ortega, pues aparte de que el mito y la sombra del Monstruo le robaron un triunfo legítimo, su edad – veintisiete años –, no era considerada como la propicia para que un torero estuviera en los inicios de su carrera novilleril.

No obstante, su tesón y su entrega ante los toros le llevan a Las Ventas, plaza en la que se presenta el 14 de agosto de 1949 para lidiar novillos de doña Francisca Sancho Viuda de Arribas junto con Trujillano y Manuel Santos Cabrero. Esa tarde sí le ve el cronista del ABC de Madrid G (¿Giraldillo?) que le augura un pronto y triunfal camino, advirtiendo algo que me siento en la necesidad de transcribir:

…“Que puede ser”. “Que será”, no puede vaticinarse de este ni de nadie, en estos tiempos en que la desorganización taurina está tan bien organizada por las organizaciones taurinas. Si Rafael Ortega halla padrino, triunfará, que condiciones tiene para medirse con el mejor; si no lo consigue, fracasará en moruchadas y se hundirá por los pueblos. No sirve valer. Hay que estar en un “trust”. Como hemos dicho, armó un alboroto toreando de muleta… cuajando los naturales en grupos perfectos y luego la variedad de los pases de adorno. Llegó la hora de matar y ¡así se mata! Cuadrado, en corto, recto, con la muleta baja, lento, con la mano hasta el pelo… Ahora muchacho, suerte para la lucha entrebarreras… ¿Cuántas cosas van a interponerse entre el público y tú?... ¿Cuándo te darán toros otra vez en Madrid?... Por la puerta grande, a hombros del entusiasmo espontáneo, que no alquila sus espaldas, salió Rafael Ortega… ¡Pero cómo no tenga padrino!... (16 de agosto de 1949)


El ascenso a la cumbre

El 2 de octubre de 1949, Manolo González, en presencia de Manolo Dos Santos, cede los trastos a Rafael Ortega a efecto de que este diera muerte al primero de la tarde, Cordobés de nombre, del hierro de don Felipe Bartolomé. El Lobo Portugués se fue a la enfermería y entre padrino y ahijado despachan la corrida con éxito, saliendo en hombros de los aficionados al final de la tarde. Esta sería la primera de una decena de salidas en hombros de Rafael Ortega de la plaza de Las Ventas.

El signo de la carrera de Rafael, a partir de este momento, sería el del ascenso, aunque sin estar exento de percances. Su campaña de 1950 fue marcada por estos, pues en julio de ese año, recibe una cornada de consideración en el muslo izquierdo, en la plaza de Granada y un mes después, en Pamplona, un toro de Fermín Bohórquez le infiere una cornada en el muslo derecho y otra en el vientre que interesa el recto y la vejiga y que hace temer por la vida del diestro, a quien se dieron los últimos auxilios espirituales.

Logra salir con bien de esos percances y se dedica en 1951 a tratar de recuperar el tiempo perdido. El 12 de agosto de 1952 realiza una faena de portentosos naturales a un Pablo Romero en Málaga y el 23 de noviembre en ese año, confirma su alternativa en México, de manos de Carlos Arruza, con el testimonio de El Volcán de Aguascalientes. Los toros fueron de Coaxamalucan. Es esta la única actuación de este diestro en la Plaza México y casi creo que en la República Mexicana.

El 16 de mayo 1953 corta la oreja al cuarto toro de los de Jesús Sánchez Cobaleda que se jugaron esa tarde y la misma fecha del siguiente año, borda a un toro de Antonio Pérez de San Fernando. Un diluvio se abatió sobre la Villa y Corte esa tarde y en las imágenes videograbadas, se observa con claridad que al ir avanzando la faena, los paraguas del tendido se van cerrando, para acabar todo el mundo de pie, aplaudiendo la magistral obra del ya llamado El Tesoro de la Isla.

En 1954 tendrá un año triunfal en Madrid. El 22 de mayo, Las Ventas albergará un cartel que rezumaba clasicismo, lo formaban Rafael Ortega, Jesús Córdoba y Julio Aparicio. Los toros fueron de Clemente Tassara. Es la tarde del toro Mariscal, faena de la que Fernando Achucarro dijo:

Componía con el toro una figura tocada por esa luz dinámica en la que la roca puede volverse liviana como tela y la tela, puede cobrar peso de roca, la luz inconfundible del barroco.

Esa faena la brindó a la Faraona, Lola Flores y tras de dos pinchazos en lo alto en la suerte de recibir y un volapié en su sitio, dio dos vueltas al ruedo, con la concurrencia entregada a su señorial manera de hacer el toreo.

El 24 de junio del mismo 1954, en Las Ventas, a beneficio del Montepío de Toreros, mata en solitario seis toros de Antonio Pérez de San Fernando. Entre el tercero y cuarto toro, habrá un interludio ecuestre con el rejoneador Ángel Peralta. Al final de la lidia del tercer toro, las cuadrillas izarán en hombros al maestro y le darán la vuelta al ruedo y al final del festejo, con tres orejas en la espuerta, saldrá a hombros junto con el caballero andaluz. Esta sería la octava vez que abandona en esa forma la plaza más importante del mundo.

Todavía faltaban hazañas por realizar y el 20 de abril de 1956, cortará el rabo del toro Espejito del legendario hierro de Miura. La relación que hace Gómez Bajuelo en el ABC de Sevilla del día siguiente destaca lo siguiente:

…¡La estocada de la feria!... “La estocada de la tarde” es, sin duda, una obra maestra de Mariano Benlliure. Para nosotros, que si el gran escultor hubiera visto ayer la estocada al cuarto de la tarde, seguramente hubiera tenido que rectificar, para mejorarlo, el modelo que le sirvió para su famoso bronce… El cite en corto, la matemática reunión, el embarque del miureño en la muleta, la salida impecable por el costillar, el lento regodeo de los tiempos y como corolario de tan exactas premisas, la colocación del acero, que hizo que el toro saliera muerto de la suerte… Es muy difícil matar a un toro así, si ello no va precedido de una faena. Una faena muy cerca de la res, en la soledad temeraria de los medios. Con un toreo serio a base de redondos, naturales y de pecho, fluyentes los primeros y obligando después, cuando se iban consumiendo las energías del miureño. El ¡fuera gente!, en boca de Ortega al acudir a la llamada en un desarme, cobró toda su autenticidad. Un aleteo de pañuelos clamó por las orejas y el rabo, que fueron concedidos…


En 1957 cortará las orejas a un toro de Juan Pedro Domecq en La Maestranza y en plena sinfonía triunfal, decide dejar los ruedos en el año de 1960, para reaparecer vestido de luces el año de 1966 en El Puerto de Santa María. El 19 de abril de 1967 hará lo propio en Sevilla y cortará la oreja a un toro de doña María Pallares y poco más de un mes después, reaparecerá en Madrid, vestido de celeste y plata, junto a Curro Romero y Sánchez Bejarano en la lidia de toros de Miguel Higuero. Don Joaquín Vidal nos cuenta lo sucedido:

Hubo faenas de Rafael Ortega que los aficionados no han podido olvidar. Entre las mejores cabría situar la que cuajó a un toro de Miguel Higuero el día del Corpus en la plaza de Las Ventas. Ortega, que ya tenía 46 años y se le había acentuado la propensión a la obesidad, en cuanto se puso a torear parecía el mismísimo Apolo. A los pocos pases ya se había echado la muleta a la izquierda, la adelantaba ofreciendo el medio - pecho, se traía el toro embebido en sus vuelos, cargaba la suerte, ligaba los pases. A cada muletazo restallaban los olés como el rugido del volcán y, al rematarlos, el tendido era un manicomio.

El triunfo de Rafael Ortega aquella tarde fue memorable. Sólo que el destino hizo una grotesca pirueta y Curro Romero colaboró en ella. El torero de Camas, que intervenía a continuación, se negó a torear al toro y provocó un gran escándalo. Los periódicos dieron amplia cobertura a esta noticia, se lucieron con ella los reporteros y las crónicas de la corrida quedaron casi reducidas a una gacetilla.
(Joaquín Vidal, El Toreo Puro, El País, Madrid, viernes 19 de diciembre de 1995).


Parecía repetirse lo de Frasquito, como en los albores de su carrera, un imponderable le arrebata la gloria, pero el recuerdo de esta tarde, estará siempre en las mentes de los buenos aficionados.


El 1º de octubre de 1968 es herido de gravedad en Barcelona por el toro Capuchino de Hoyo de la Gitana y este percance hará que Rafael Ortega ya no vista mas el terno de seda y alamares. Su postrera actuación fue en el año de 1985, en la plaza de Jerez de la Frontera, en un festival benéfico. En ese mismo año, asumirá la dirección de la Escuela Taurina de Cádiz, con sede en la plaza del Puerto de Santa María, cargo que ocuparía hasta su muerte.

La tauromaquia de un tesoro

Rafael Ortega es un torero de una extraordinaria pureza. Siempre cita en rectitud del toro, veroniquea con las manos bajas, embarcando las embestidas, cargando la suerte y ganándole terreno al toro. Es un muletero dominador, que cita con la pierna de salida adelante, dando el medio pecho. Conoce y entiende las distancias, lo que le permite ligar los muletazos y al rematar con el forzado de pecho, echa al toro hacia adentro, obligándole y demostrando que puede con él. Al estoquear, procura hacerlo en la suerte natural, con la muleta bien liada, la que echa a los belfos del toro para dejarse ir sobre el morrillo. También gustaba de ejecutar la suerte de recibir, la que hacía con gran pureza.

En suma, Rafael Ortega es el prototipo del torero clásico, del torero que practica con maestría y sentimiento lo que Pepe - Illo y Paquiro escribieran en sus tratados del arte de lidiar toros; es decir, Rafael Ortega ha sido mas que un gran estoqueador, sitio en el que la mayoría de los críticos de su tiempo, parecen haber querido encasillarle injustamente.

La realidad es que Rafael Ortega Domínguez, fallecido la madrugada del 19 de diciembre de 1997 en su casa de Cádiz, ha sido una víctima de la injusticia de las apariencias, pues del gran estoqueador que demostró ser, se valieron tanto los que proclamaron en corto su paso por los ruedos, como la memoria colectiva para intentar ocultar su verdadera estatura de grande de la fiesta. Mas el sol no se tapa con un dedo y ahora se intenta reconocerle lo que en realidad ha sido, quizás junto con Antoñete y Antonio Bienvenida, uno de los toreros más grandes y más puros de la segunda mitad del siglo pasado.

domingo, 27 de septiembre de 2009

45 efemérides interesantes en la historia de El Toreo de la Condesa

Aunque la historia reciente de la fiesta en México se comienza a escribir en El Toreo de la Condesa, se puede delinear lo que esta ha sido a partir de los acontecimientos que sirvieron para darle forma. En esta relación seguramente no encontrarán varios que son conocidos como piedras angulares de la historia de ese gran coso, pero es que tantos grandes hechos sucedieron allí y todos merecen ser contados, que a veces, resulta interesante dejar de lado los que son de todos conocidos y sacar a la luz otros que tienen menos difusión. Algunos de los que me han parecido más destacados - más o menos uno por cada año de los que funcionó - son los siguientes:



22 de septiembre de 1907, corrida inaugural, 4 toros de Tepeyahualco para Manuel González Rerre y Agustín Velasco Fuentes Mexicano que recibía la alternativa y 4 novillos de la misma procedencia para la Cuadrilla Juvenil Mexicana dirigida por Enrique Merino El Sordo, siendo matadores de ella Samuel Solís y Pascual Bueno.

26 de enero de 1908, se lidia por primera vez un encierro español en El Toreo. 5 toros de don Felipe de Pablo Romero y uno de Piedras Negras para José Clarós Pepete y Morenito de Alcalá.

28 de febrero de 1909, Presentación de la ganadería de Miura. Corrida a beneficio de Vicente Segura, que realiza gran faena al toro Perlito del que le es concedida la oreja. Alternó con Diego Rodas Morenito de Algeciras y Francisco Martín Vázquez.

23 de enero de 1910, Rodolfo Gaona ejecuta por primera vez en México la gaonera ante el toro Pinalito de Rafael Surga, en corrida a su beneficio en la que alternó con Tomás Alarcón Mazzantinito.

29 de enero de 1911, beneficio de Antonio Fuentes que alternó con Rodolfo Gaona y Luis Freg en la lidia de toros de San Diego de los Padres. El Califa de León cortó la oreja del quinto toro de la tarde.

3 de marzo de 1912, concurso de ganaderías en el que participaron Atenco, San Diego de los Padres, Tepeyahualco, Piedras Negras, San Nicolás Peralta y Santín. Alternaron Vicente Pastor, Fermín Muñoz Corchaíto y Rodolfo Gaona. El toro premiado fue el de Tepeyahualco y Corchaíto le cortó las dos orejas por una valerosa faena al de San Nicolás Peralta.

12 de enero de 1913, se lidian 6 toros del Duque de Veragua, que habían sido sementales en San Nicolás Peralta, para Rafael González Machaquito, Arcadio Ramírez Reverte Mexicano y Merced Gómez. Asistió al festejo el Presidente de la República, Francisco I. Madero.



29 de marzo de 1914, se presenta como novillero Juan Silveti, anunciado como Belmonte Mexicano, en corrida mixta en la que el matador Eligio Hernández El Serio mataría 2 toros de Santín y Silveti y Nacho Gómez, cuatro novillos de la misma procedencia.

19 de diciembre de 1915, Juan Silveti se despide de las filas de la novillería. Alterna con Eduardo Leal Llaverito y Manuel González en la lidia de novillos de Piedras Negras. Silveti salió en hombros de la plaza.

27 de febrero de 1916, recibe la alternativa Rodolfo de los Santos Templaíto de Sevilla. Fue padrino Luis Freg; testigo, Juan Silveti y los toros, de San Nicolás Peralta.

11 de julio de 1917. El Primer Jefe del Ejército Constitucionalista y encargado del Poder Ejecutivo, Venustiano Carranza, expide un decreto que prohíbe los festejos taurinos en el Distrito Federal, el decreto de referencia dice en lo conducente:

…Venustiano Carranza, Primer Jefe del Ejército Constitucionalista, encargado del Poder Ejecutivo de la Nación, en uso de las facultades que me encuentro investido y CONSIDERANDO....Que siendo el deber primordial de todo gobierno asegurar a todos los individuos que forman la colectividad del estado, el goce de los derechos fundamentales, sin los que la sociedad no puede existir, ni llenar debidamente sus fines, también como consecuencia la obligación, de fomentar aquellos usos y costumbres que tiendan a la realización de aquel objeto, sea favoreciendo el desenvolvimiento de la personalidad humana, sea procurando mayor adaptación de las exigencias y necesidades de la época, así como igualmente tiene el deber de contrariar y extirpar aquellos hábitos y tendencias que indudablemente son un obstáculo para la cultura o predisponen al individuo al desorden, despertando en él sentimientos antisociales… Que entre esos hábitos, figura en primer término la diversión de los toros, que a la vez que se pone en gravísimo peligro sin la menor necesidad, la vida de un hombre, se causan torturas igualmente sin objeto a seres vivientes que la moral incluye dentro de esfera de protección a la Ley… Que además, la diversión de los toros, provoca sentimientos sanguinarios, los que por desgracia, han sido el baldón de nuestra raza a través de la historia, y en los actuales momentos, un incentivo para la malas pasiones y causa que agrava la miseria de las familias pobres, las que por proporcionarse el placer malsano de un momento, se quedan sin lo necesario para el sustento de varios días…


5 de octubre de 1919, se presenta Enrico Caruso en El Toreo con la ópera Carmen de Bizet, concluyendo su actuación a despecho del aguacero que se soltó durante la función.

9 de diciembre de 1919, la Cámara de Diputados del Congreso de la Unión derogó el decreto expedido el 11 de julio de 1917 por el encargado del Poder Ejecutivo Federal, que prohíbe la celebración de festejos taurinos en el Distrito Federal.

2 de mayo de 1920, la Cámara de Senadores del Congreso de la Unión aprobó la derogación del decreto expedido el 11 de julio de 1917 por el encargado del Poder Ejecutivo Federal, que prohíbe la celebración de festejos taurinos en el Distrito Federal.

16 de mayo de 1920, se reabre El Toreo a los festejos taurinos. 6 toros de San Mateo para Juan Silveti y José Corzo Corcito.

26 de diciembre de 1920, Ignacio Sánchez Mejías corta el rabo al toro Caparrota de San Diego de los Padres, en festejo en el que alterna con Juan Silveti.

2 de noviembre de 1921, con toros de Coaxamalucan alternan Juan Silveti, Domingo González Dominguín y Bernardo Casielles. Silveti cortó la oreja a su primero; Dominguín fue herido por el quinto y Casielles salió en hombros de la plaza aún sin cortar orejas.



5 de febrero de 1922, Alternando con Juan Belmonte e Ignacio Sánchez Mejías, Rodolfo Gaona realiza una gran faena al toro Bordador de Piedras Negras.

7 de enero de 1923, Rodolfo Gaona corta las orejas y el rabo a Curtidor de Atenco, en tarde en la que alternó con Rafael El Gallo y Manuel García Maera.

23 de marzo de 1924, Rodolfo Gaona triunfa con los toros Quitasol y Cocinero de San Mateo, cortando las orejas y el rabo de ambos, en corrida en la que alterna con José Roger Valencia y Francisco Peralta Facultades.

12 de abril de 1925, despedida de Rodolfo Gaona. Alternó con Rafael Rubio Rodalito y llevaron de sobresaliente a Pepe Ortiz. Los toros fueron 2 de Atenco, 2 de San Diego de los Padres y 2 de Piedras Negras. Azucarero, de San Diego de los Padres, fue el último toro que estoqueó vestido de luces el Califa de León.

25 de octubre de 1925, toros de San Mateo para Manuel Jiménez Chicuelo, Juan Silveti y Manolo Martínez. Es la tarde de la faena de Chicuelo a Dentista, faena que Pepe Alameda califica junto con la que en Madrid hizo a Corchaíto de Graciliano Pérez Tabernero, como parteaguas histórico en la manera de hacer el toreo.

18 de julio de 1926, se presenta como novillero en El Toreo Fermín Espinosa Armillita, para lidiar novillos de San Mateo alternando con Edmundo Maldonado Tato y Julián Pastor.

13 de marzo de 1927, Manuel Mejías Rapela Bienvenida o El Papa Negro se corta la coleta en El Toreo, matando dos toros de San Diego de los Padres. Sus hijos, los hermanos Manolo y Pepe Bienvenida, le desprenden el añadido y lidian 4 erales de Xajay esa tarde.

1º de enero de 1928, el toro Calzorras de San Diego de los Padres, infiere grave cornada a Pepe Ortiz, en tarde en la que alternaba mano a mano con Cayetano Ordóñez Niño de la Palma.

3 de febrero de 1929, Francisco Vega de los Reyes Gitanillo de Triana, realiza su inmortal faena al toro Como Tú de San Mateo, en tarde en la que alternó con Pepe Ortiz, Cagancho y Vicente Barrera.



12 de octubre de 1930, toros de Atenco para Luis Freg, Pepe Ortiz y Gil Tovar. Se utilizan por primera vez petos en los caballos de picar en las plazas de toros de la capital mexicana y es en El Toreo.

1o de febrero de 1931, Heriberto García corta las orejas y el rabo de Lamparillo de Miura, en tarde que alterna con David Liceaga y Alberto Balderas.

10 de enero de 1932, Jesús Solórzano, en tarde que alterna con Joaquín Rodríguez Cagancho y Pepe Ortiz, realiza su inmortal faena al toro Granatillo de San Mateo.

5 de febrero de 1933, David Liceaga, en tarde que alternó con Cagancho y Luis Gómez Estudiante, realiza una gran faena al toro Ilustrado del Marqués de Villamarta, que es indultado.

28 de enero de 1934, Luis Freg actúa por última vez en El Toreo. Lo hace en la Corrida de la Oreja de Oro alternando con Pepe Ortiz, Armillita, Alberto Balderas, Jesús Solórzano y Domingo Ortega en la lidia de toros de La Laguna.

3 de febrero de 1935, Lorenzo Garza realiza corta el rabo a los toros Gitanillo y Saladito de San Mateo, en tarde en que por cornada de Alberto Balderas en el primero de la tarde, se queda prácticamente con toda la corrida.

23 de febrero de 1936, Alberto Balderas corta el rabo al toro Mensajero de San Mateo, en tarde en la que alternó con Lorenzo Garza, que también cortó el rabo de Doradito, sexto de la tarde.



7 de febrero de 1937, en la Corrida de la Prensa, Jesús Solórzano corta la oreja al toro Redactor de La Laguna. La faena a este toro fue utilizada como stock shot para la película ¡Ora Ponciano!, estelarizada por el diestro y la ilustración de una de sus verónicas fue la cabeza del semanario El Redondel durante casi medio siglo. Alternó esa tarde con Lorenzo Garza.

20 de marzo de 1938, Fermín Espinosa Armillita corta las orejas y el rabo al toro Tapabocas de Coquilla, en tarde que alternó con Alberto Balderas y Lorenzo Garza.

15 de octubre de 1939, Julián Rodarte gana el Estoque de Plata alternando con Arturo Álvarez Vizcaíno, Antonio Rangel, Carlos Vera Cañitas, Andrés Blando y Miguel Montes en la lidia de novillos de La Trasquila.

29 de diciembre de 1940, Alberto Balderas es mortalmente herido por Cobijero de Piedras Negras, en tarde que alterna con Carnicerito de México y Andrés Blando, que toma la alternativa.

16 de febrero de 1941, Fermín Espinosa Armillita tiene una tarde triunfal con los toros Flautista, Payaso y Chocolate de Torrecilla, en tarde que alterna con Lorenzo Garza. El día 6 de diciembre de ese año, se colocó una placa en bronce en los muros de la plaza para conmemorar esa gran actuación.

22 de marzo de 1942, Silverio Pérez corta el rabo al toro Peluquero de Carlos Cuevas, en corrida en la que actuó mano a mano con Carlos Arruza.

31 de enero de 1943, inmortales faenas de Armillita a Clarinero y Silverio Pérez a Tanguito, de la debutante ganadería de Pastejé, en la tarde que recibió la alternativa Antonio Velázquez.

9 de enero de 1944, toros de Matancillas para Armillita, Jesús Solórzano y Silverio Pérez, que se encontró con Cirilo al que según su propio dicho, le realizó la mejor faena de su vida, misma que no culminó con el estoque.

9 de diciembre de 1945, toros de Torrecilla, se presenta Manolete para confirmar su alternativa de manos de Silverio Pérez y llevando a Eduardo Solórzano como testigo. El de Córdoba cortó el rabo de Gitano, primero de la tarde y fue herido por Cachorro, quinto del festejo. Silverio también le cortó el rabo al cuarto, Cantaclaro.



17 de febrero de 1946, toros de Coaxamalucan para Manolete, Pepe Luis Vázquez y Luis Procuna. Manolete cortó el rabo de Platino, Pepe Luis el de Cazador y Procuna el de Cilindrero, se afirma que es esta quizás la tarde más redonda de la presencia de Manuel Rodríguez en las plazas de la capital mexicana.

Extraer recuerdos así, entraña el riesgo de dejar fuera de la recolección muchos igual o más valiosos que los aquí presentados, pero en el caso, la idea inicial era escoger unos cuantos y al empezar la labor, consideré que sería interesante entresacar uno de cada uno de los años que funcionó como plaza de toros y el dato curioso de la presentación de Enrico Caruso en su albero, que no es cosa de todos los días. Espero que la idea de la grandeza de su historia quede dibujada con este breve repaso.


Créditos de las ilustraciones:

La fotografía aérea de El Toreo es obra de Margaret Bourke - White y pertenece al acervo de la revista LIFE, archivado en Google.
La del concierto en el ruedo de El Toreo está tomada del foro digital El México de Ayer.
La fotografía de Gitanillo de Triana es obra de Urbina.
La fotografía de Lorenzo Garza pertenece a la colección particular del Dr. Antonio Ramírez González, quien me ha permitido su uso. No tiene indicación de quién es su autor.
Y la fotografía de Manolete, dando la vuelta al ruedo en El Toreo, probablemente con el rabo de Gitano de Torrecilla en las manos, es obra de William C. Shrout y pertenece también al acervo de la revista LIFE, archivado en Google.

sábado, 26 de septiembre de 2009

22 de septiembre de 1907: Se inaugura El Toreo de la Condesa

La Hacienda de La Condesa



Originalmente se ubicaba a unos diez kilómetros de la Ciudad de México y hacia la primera mitad del siglo XVIII la tercera Condesa de Miravalle, doña María Magdalena Dávalos de Bracamontes y Orozco – conspicua dama de la corte virreinal – era la propietaria de la hacienda de Santa Catarina del Arenal, misma que fue llamada de La Condesa, dado el título nobiliario de su propietaria.

El fraccionamiento y urbanización de la hacienda inicia en la segunda mitad del siglo XIX y cobra impulso iniciado el siglo XX, cuando la testamentaría de Manuel Escandón y la entidad Colonia de la Condesa S.A., representada por Porfirio Díaz hijo y Ramón Alcázar, planean con el ingeniero Roberto Gayol la construcción de un hipódromo, un club hípico y el desarrollo urbano de la zona, que se realizó con las tendencias arquitectónicas afrancesadas de la época.


El Toreo de la Condesa

Al final de la temporada 1905 – 1906 de la Capital de la República, Ramón López, banderillero retirado y empresario de la Plaza de Toros México – ubicada en la Calzada de la Piedad, cerca del almacén de tranvías de Indianilla – decide dejar, al menos en lo personal, el negocio de los toros, pues extendió invitación a distinguidas personalidades a suscribir acciones de una sociedad anónima denominada El Toreo.

Entre otros, acuden a ese llamado los señores José del Rivero, Lucas Alamán, Manuel Fernández del Castillo y Mier, Dr. Carlos Cuesta Baqueiro, Miguel Illanes Blanco, Emilio Rodríguez, Lic. Roberto Esteva Ruiz, José Mondragón y Carlos Quiroz Monosabio. Este último y Cuesta Baqueiro eran periodistas y publicaban sus opiniones y crónicas en la revista El Toreo Ilustrado.

El Toreo S.A., pronto acomete la empresa que le daría su verdadera razón de ser. Adquiere un predio ubicado dentro de los terrenos de la ya ex – hacienda de La Condesa, en las cercanías de la pista del hipódromo, mismos que ya se comenzaban a urbanizar. La finalidad de la adquisición, era la de erigir una plaza de toros, misma que al adquirir aspecto citadino la mencionada ex – hacienda, quedaría ubicada en el poliedro que determinan las actuales calles de Durango, Salamanca, Valladolid, Colima y Oaxaca, en el corazón de la también contemporánea Colonia Condesa.

El proyecto de la nueva plaza de toros se encomendó al arquitecto Alberto Robles Gil y la dirección de la obra quedó a cargo del ingeniero Eduardo Sabathé. El nuevo coso taurino sería construido sobre un terreno de 18,000 metros cuadrados a partir de una estructura metálica y de concreto, razón por la cual se importan mil toneladas de acero estructural de Bélgica, se colocan en el sitio 800,000 tabiques y se aplican 3,500 barricas de cemento. La primera piedra se colocó el día 7 de febrero del mismo 1907 y presidió entre otros el acto, el matador de toros madrileño Vicente Pastor.

La plaza de toros, que acabaría tomando como nombre el de la denominación de su propietaria, es decir, El Toreo, tendría capacidad para 20,000 espectadores, mismos que se colocarían en cuarenta filas de gradería, ochenta y cinco palcos de contra barrera y una amplia zona de lumbreras; el ruedo tendría un diámetro de cuarenta y cinco metros y la barrera que lo delimitaba, una altura de 1.5 metros. Esta barrera tenía la particularidad de que sus tablas estaban colocadas en sentido vertical, quizás por evitar que al rematar en ellas, los toros las sacaran de su lugar, o se dañaran los pitones con ellas. Por último, cabe recordar que sus corrales tenían capacidad para contener holgadamente cinco encierros completos y que las fachadas exteriores de la plaza, jamás fueron concluidas.

La inauguración

Estando ya utilizable el coso, la inauguración al parecer se pensó inicialmente para el día 15 de septiembre de 1907, pero el retraso en la llegada de los toreros españoles a México la difirió una semana, según se puede desprender de esta nota enviada por Julio Bonilla Recortes, corresponsal del semanario madrileño El Toreo, publicada el 14 de octubre de ese año:

Desde México. El estreno de la nueva plaza de toros de México, de la nueva empresa "El Toreo" S.A., anunciado para mañana 15, se ha transferido para el domingo 22, lidiándose en ella toros de la acreditada ganadería de Tepeyahualco, propiedad del Sr. Manuel Fernández del Castillo y Mier, que serán estoqueados por matadores españoles… El 22 del corriente, o antes, llegarán a México los matadores Jerezano, Rerre y Camisero y el banderillero el Barbi…


Entonces, el 22 de septiembre de ese calendario, se ofreció a la afición su corrida inaugural, en la que actuaron por una parte, el español Manuel González Rerre, quien otorgó la alternativa al nacional Agustín Velasco Fuentes Mexicano y por la otra, los novilleros integrantes de la Cuadrilla Juvenil Mexicana, ya dirigida en esos días por Enrique Merino El Sordo, Samuel Solís y Pascual Bueno. Al cuarto novillo lo estoqueó Jesús Tenes por cesión que le hiciera Samuel Solís. Los cuatro toros y los cuatro novillos corridos en la ocasión, fueron de las dehesas tlaxcaltecas de Tepeyahualco.



La corrida inaugural, según la versión de Guillermo Ernesto Padilla, en su Historia de la Plaza El Toreo 1907 – 1968, fue en el sentido de que Fuentes Mexicano dio la vuelta al ruedo y después pasó a la enfermería; Rerre estuvo torero y valiente; Samuel Solís fue ovacionado en el novillo que mató; Pascual Bueno fue ovacionado por voluntarioso y Jesús Tenes se vio inexperto.

La versión transmitida por el ya citado Julio Bonilla Recortes a El Toreo de Madrid y aparecida en ese semanario el día 21 de octubre de ese mismo año, dice lo siguiente:

El acontecimiento taurino en México, ha sido el estreno, el domingo 22 de la gran plaza de hierro, construida a todo costo por la nueva empresa "El Toreo" S.A… Aunque el nuevo circo taurino no está del todo terminado, y el cartel de la corrida económica no era de atractivo, hubo un lleno, quedándose sin poder entrar a la plaza más de mil personas, por haberse agotado las localidades… Rerre, que fue uno de los matadores que tomaron parte en la corrida de estreno, toreó poco o nada; estuvo desgraciado en la muerte de su primer toro y regular en los otros dos…

El final de la plaza de toros

El Toreo funcionó en la Colonia Condesa hasta el año de 1946 y en esos casi cuarenta años, actuaron en su redondel todas las figuras del toreo, mexicanas y españolas, a excepción de Joselito el Gallo. El cartel con el que se cerró la historia y la existencia de esta plaza de toros, se anunció para el 19 de mayo de 1946 y se integró con toros de San Diego de los Padres, para Edmundo Zepeda, Andrés Blando y el colombiano Miguel López, que recibiría la alternativa. Al final de la corrida, el matador de toros retirado, Samuel Solís, participante de la corrida inaugural, daría cuenta de un becerro de la misma procedencia.

Guillermo Ernesto Padilla, acerca de esa última tarde, dice lo siguiente:

No fue aquella una corrida pródiga en momentos brillantes por parte de los lidiadores, siendo las notas más destacadas, el magnífico encierro que envió San Diego de los Padres, un gran quite por gaoneras de Andrés Blando al cuarto toro, varios lances y una torera y valerosa faena de Zepeda al segundo astado, un formidable par de banderillas de Vicente Cárdenas “Maera” y la brega magistral del Güero Merino… El cadáver del último astado, el bravo “Lince”, fue ovacionado durante su arrastre. En aquél momento se hizo un gran silencio en la plaza, silencio que fue roto al aparecer en la arena la figura señera de Rodolfo Gaona, quien, en el centro del anillo, hizo descender de las alturas del coso un gallardete que decía “1907 – EL TOREO – 1946”. En esa forma quedaba oficialmente clausurada la plaza de La Condesa. La multitud en pie acompañó la escena… Muchas cabezas, unas grises, otras blancas, se destocaron para musitar un adiós a la querida plaza que por casi cuatro décadas estuviese tan estrechamente vinculada a la vida capitalina…


En la última etapa de la existencia de la plaza, el accionista mayoritario de El Toreo S.A. era el general Maximino Ávila Camacho, siniestro personaje de la historia nacional, aficionado a los toros y ganadero de reses de lidia. El general Ávila Camacho falleció en circunstancias poco aclaradas el 17 de febrero de 1945 y su familia hizo una sui – generis donación de las acciones de El Toreo a la Beneficencia Pública, que era representada por la Secretaría de Salubridad y Asistencia.

Tras de dimes y diretes, relacionados todos con el destino que la S.S.A., daría a la plaza de toros, el 17 de abril de 1946, se anunció que el inmueble que ocupaba la plaza de El Toreo había sido vendido a la compañía fraccionadora del señor Ángel Urraza, quien desarrolló entre otras, la Colonia del Valle de la Ciudad de México. El interés de Urraza no estaba en los toros, sino en la tierra, así que en menos de un mes liquidó el negocio taurino y gestionó el cierre y demolición de la plaza. Hoy en día ocupa su lugar una tienda departamental.

La estructura metálica de El Toreo fue trasladada al punto conocido como Cuatro Caminos en San Bartolo Naucálpan, en los límites del Estado de México con el Distrito Federal, donde con ella se levantó por el ingeniero Armando Bernal el Toreo de Cuatro Caminos, que estuvo en pie de 1947 hasta 2008. Pero esa es una historia que contaré en otro tiempo y espero que en este mismo lugar.


Crédito de las ilustraciones:


Todas las imágenes que ilustran esta entrada fueron obtenidas del foro digital El México de Ayer.

sábado, 19 de septiembre de 2009

Como un castillo de naipes...

De esa manera, en las últimas 72 horas prácticamente se cayó la temporada taurina anunciada por Pedro Haces en Las Vegas, dado que los toreros con más atractivo mediático y que podían poner a flote el experimento (Rivera Ordóñez, El Juli y El Fandi), declinaron, sin expresión de causa, ser partícipes de esa mascarada.

Los espectáculos llevados a cabo el martes y miércoles pasados, fueron un desastre económico y en lo artístico están marcados con el signo de la duda. La realidad es que como escribiera Giraldillo en el ABC de Madrid el 19 de julio de 1945, a propósito de la confirmación en Las Ventas de la alternativa de Sidney Franklin, hay cosas del toreo que no tienen traducción posible y la manera en la que se pretende hacer en Las Vegas, lo demuestra así.

Al parecer, el vacío en los improvisados tendidos es uno de los factores del anunciado desastre. Pero la historia de esas entradas magras no es nueva. Ya en 1965 se había producido un fenómeno similar, cuando en el Centro de Convenciones de la Ciudad del Juego se dieron festejos similares, según lo relató Billie Heller en la revista Toros Magazine, de la que cito lo que sigue:


…la ciudad había sido inundada con publicidad, pero la entrada era decepcionante, cerca de mil 500 personas en la arena de cuatro mil 500 asientos. La explicación sobre la pobre entrada fue que el público y los turistas se quedaron con la idea de que el precio de entrada era de 25 dólares, pero sólo para un área especial en la que se encontraba el alcalde (que fungió como juez de plaza), pero en realidad había localidades desde tres dólares. Otros pensaron que quizá fue demasiado ambicioso programar el festejo del viernes al mismo tiempo en que se presentaban en la misma ciudad artistas como Frank Sinatra y Joe E. Lewis en las arenas, Debbie Reynolds en la Riviera, Donald O' Conner en el Sáhara y las mujeres semidesnudas de los shows en el Dunes, el Tropicana y el Stardust. Los boletos de tres dólares se vendieron casi en su totalidad y la mayor parte de los de 5 y 7 dólares, pero las localidades de 10 y 15 aparecían vacías…


De la relación transcrita, aparece que solo se colmaron las localidades de precio más accesible y vemos que en esta oportunidad, Haces pide cientos de dólares por algunas, lo que me invita a recurrir a la razonada reflexión de Jack Moran, un aficionado estadounidense, a propósito de ese asunto:

…creo que si el dinero estuviera allí, los matadores se presentarían, pero parece que se empiezan a desmoronar las piezas y la paga, salvo que el empresario sea un multimillonario y quiera montar festejos por mera diversión. Necesita obtener ganancias, pero sangrar a la afición del dinero que ha obtenido con trabajo duro, es un mal punto de partida… Los precios de acceso a la plaza deben ser consistentes con los de cualquier corrida, sea en Las Vegas o no y el resto de la papeleta, debe obtenerse de otro tipo de mercadeo como espectáculos previos a la corrida, vídeos, etc.… Nadie conoce a los toreros españoles de hoy en los Estados Unidos. Después de Manolete, el matador más famoso aquí era Manuel Benítez ‘El Cordobés’… El promotor debe reeducar al público americano en los gozos de la fiesta, meter más gente a la plaza haciendo accesibles los precios y no poniéndolos solamente al alcance de aquellos que tienen abultadas las billeteras…



Como se ve, el asunto de Las Vegas, ni hace 45 años, ni ahora va a dejar más lustre a los participantes en él. Quizás, expresado en pesos y centavos, les aparezca atractivo en primera instancia, pero en el fondo, nada aporta a su historia personal y taurina, y siempre estará sujeto al azaroso expediente de que lo ofrecido resulte atractivo a quienes deben pagar el acceso al espectáculo. Si eso falla, como sucedió en este caso, probablemente falle todo

Lo que sí resultó de todo esto, fue un nuevo petardo de Pedro Haces, quién resultó en los hechos ser el don Bull Shit del que hablaba en otro espacio de esta misma bitácora, porque su gran temporada, parece ser que solo quedará como una desgraciada anécdota y como una más de las soflamas o habladurías de ese singular y nefando personaje.


Edito: Casi un par de días después de haber publicado esta reflexión (es lunes 21 de septiembre por la noche aquí), llega a mi conocimiento una información que me proporciona el amigo Jim Verner, en el sentido de que la caída del asunto este, se debió a que Pedro Haces no depositó en tiempo y forma los anticipos convenidos a los toreros. Esta es evidentemente una constante en su proceder y la fama que lo precede.

Las fotografías que ilustran esta entrada son obra de Roadsidepictures y están protegidas por una licencia Creative Commons.

domingo, 13 de septiembre de 2009

El Imposible

Resulta difícil pensar que un torero pueda sacar la cabeza más de tres lustros después de su presentación como novillero. Ese es el caso de El Imposible, que en el Jueves Taurino del 16 de junio de 1945, se presentara en El Toreo de la Colonia Condesa, anunciado como Carlos Moreno y que apareciera quince años después como Antonio Campos (su nombre completo era Carlos Antonio Campos Moreno), ejecutando un muletazo que se describía como imposible de realizar y de allí tomó su nombre artístico, El Imposible.

El muletazo imposible, que consiste en dar una serie de giros con el toro arrancado, para quedar en posición de rematar con una arrucina (vean la composición fotográfica de abajo), es lo que le convierte, con Felipe Rosas, Jaime Rangel y Víctor Huerta, en el sostén de la temporada novilleril capitalina de 1960. Así, contra todos los augurios, el torero que década y media antes había sido desahuciado por la afición y por la crítica al dejarse ir un bravo novillo de Milpillas, ahora estaba en la cresta de la ola.

Recibe la alternativa en Tijuana el 18 de junio de 1961, siendo su padrino Jesús Córdoba y fungiendo como testigo Raúl García, con toros de Javier Garfias y aunque no logra un triunfo rotundo esa tarde, se abre las puertas de las plazas de la zona fronteriza con los Estados Unidos, en una época en la que Tijuana, Ciudad Juárez, Nuevo Laredo y Nogales sumaban cada una alrededor de una treintena de festejos al año, haciéndose un gran cartel en ellas.

Marcha a España el siguiente calendario y suma 14 fechas, convirtiéndose en un ídolo en Barcelona, donde actúa en ocho de sus corridas de ese año. Confirmará su alternativa en Madrid el 12 de mayo de 1963, de manos de Pedrés y llevando de testigo a Andrés Vázquez, con el anticipo artístico de don Rafael Peralta, que lidió un novillo de Antonio Pérez de San Fernando. Los toros de la terna de a pié, fueron de Carlos Núñez. Esa tarde la saldó con una vuelta al ruedo. La opinión de Antonio Díaz Cañabate en el diario ABC de Madrid sobre esa tarde es la siguiente:

…El “Imposible”, en el toro de la confirmación de su alternativa, después de brindar, anunció que iba a dar el pase al cual debe, según parece, su apodo. El pase imposible. Yo ya se lo había visto el año pasado, creo que en Santander. Desde luego es un pase perfectamente posible, porque no es un pase, es un paso de baile taurino. Por mí puede el baile continuar. A mí no me molestan los adornos en su momento, al contrario, me parecen precisos, en su momento, repitoy repetiré. ¿Y es el momento la iniciación de una faena? Pues ¿por qué no? Ahora bien, ya está hecho posible lo imposible. A torear se ha dicho. A torear en serio, que es a lo que estamos. El toreo cómico lo agotaron Charlot, Llapisera y su Botones y unas cuantas “inas” y ridiculeces que privaron durante un tiempo, que ya creemos superado y que estaremos alerta para que no se reproduzca. Adornos sí, pero no como base de una faena…




La presentación de El Imposible en Barcelona, 5 de julio de 1962



Repetirá en Las Ventas el día de San Isidro, cuando compartiendo el cartel con don Ángel Peralta, que se enfrentó a un novillo de Javier Molina y compartiendo terna con Fermín Murillo y Mondeño. Ese día le cortó una oreja al tercero de la tarde, primero del lote de Fermín Bohórquez que sorteó y al que logró pegarle el muletazo de su creación. De nuevo recurro al exigente testimonio de Díaz Cañabate, sobre ese momento particular:

…El tercero toma la primera vara de largo. La segunda, corrida. No tiene mucha fuerza. El presidente lo cambia. A la muleta llega tardo, pero cuando embiste es aquello que llamaban antes los revisteros una perita en dulce. ¡Qué bien se la comió “El Imposible”! No intentó ninguna tontería. No se embarulló. Toreó sereno, sin hacer caso del aire, que soplaba para todo el mundo y parecía que no soplaba para él. Me gustó “El Imposible”. Faena con temple y con mando. Faena a tono (con buen tono) de la perita en dulce, confitura que a muchos toreros se les indigesta. Sobresalieron tres pases iniciales con la derecha realmente excelentes. Un pinchazo y, entrando bien, una estocada. Una oreja…



Al final de esa campaña sumó solamente nueve fechas en ruedos ibéricos, a causa de los percances que sufrió en Málaga, Plascencia, Palma de Mallorca y en San Sebastián. La de Málaga, del 14 de abril, fue muy extensa, según se deduce del parte facultativo:

…Durante la lidia del sexto toro, ha ingresado en la enfermería de esta plaza el diestro mejicano Antonio Campos «El Imposible», que presenta herida por asta de toro en la región glútea inferior, con dos trayectorias, una ascendente, que diseca ambos glúteos, alcanzando hasta el trocánter mayor; y otra descendente, que dislacera el músculo bíceps hasta su inserción en el fémur. Pronóstico, grave. Doctor Abrines…



Un ídolo en Barcelona, 8 tardes en una temporada



Confirmará su alternativa en México el 9 de febrero de 1964, cuando Calesero le cede a Soldadito de Tequisquiapan en presencia de Diego Puerta, que esa tarde tuvo una cumbre al cortar las dos orejas de Rastrojero.

La pirotecnia de su manera de hacer el toreo, anima a las empresas a incluirlo entre los toreros que se integrarán a la campaña que hacía en México El Cordobés y logra actuar en varias tardes junto a él, destacando la del 19 de febrero de 1964, en Aguascalientes, cuando se le va por delante a Manuel Benítez, cortándole el rabo a uno de los toros de Santacilia que le tocaron en suerte.

Sin embargo, tiene que reducir su actividad, pues la enfermedad que al final terminaría su existencia ya le comenzaba a causar molestias que interferían con su actividad profesional y así, después del triunfo hidrocálido, vuelve a la México el 1º de marzo y torea su última corrida en Puebla, el 15 de ese mismo mes, mano a mano con Joselito Huerta, en la lidia de toros de Zotoluca y Santa Marta.

Un cáncer hepático logró lo que otras circunstancias adversas no pudieron; quitar de torero a El Imposible, quien a partir de una férrea voluntad y la decisión de querer ser alguien en los ruedos, resurgió de su propio fracaso. Falleció en la Ciudad de México el 28 de diciembre de 1964, justo cuando empezaba a ver los frutos de su dedicación.

domingo, 6 de septiembre de 2009

Sidney Franklin, más allá del exotismo

Siempre nos resultará complicado en algún grado, el admitir que alguien que no tenga raíces hispanas evidentes pueda comprender en una medida importante esto de la fiesta. Ahora que si se trata ya no nada más de entender lo que es, sino de entrar al terreno de los hechos, con dificultad se admite que puedan pasar de algo más de pintoresquismos, como lo hace Pérez Lugín en Currito de la Cruz al referirse, por voz de alguno de sus personajes, a las corridas landesas, como de saltimbanquis.

Entonces, un torero estadounidense resultaría, en esa lógica, pintoresco y no más, aunque creo que en el caso de Sidney Franklin, el darle ese exclusivo calificativo sería altamente injusto. Nacido en Brooklyn, Nueva York el año de 1903, es hijo de inmigrantes judíos – rusos, lo que motivó que en algunos ambientes de su tierra natal, se le llamara con cierto despecho El Torero de la Torah, además de todo, los Frumkin (ese era su apellido original), eran practicantes de su religión.

Hoy se proponen, con bombo y platillo, parodias de festejos taurinos como manera de difundir los valores de la fiesta en los Estados Unidos. En 1931 Sidney Franklin, Matador de Toros, hizo lo propio ante sus paisanos y sin necesidad de toda la parafernalia que hoy se articula. Transcribo en integridad una carta de J.M. Coll, aparecida bajo el título de Tauromaquia Americana en la página 29 del diario barcelonés La Vanguardia del 17 de mayo de 1931, en la que refiere al director del diario, la impresión que causó la presentación del primer matador de toros estadounidense, en un teatro de Nueva York:

Sidney Franklin, el torero yanqui, que la afición española recordará seguramente, dio anoche una conferencia en el «Selwyn Theatre», de la Calle 42, acerba de la llamada nuestra Fiesta Nacional. La velada resultó un lasco, al menos pecuniariamente hablando, pues en el local había escasamente media entrada cuando Franklin apareció en las tablas, a pesar de que la butaca valía sólo dólar y medio, lo que aquí se puede decir" un precio verdaderamente popular.

En las puertas del teatro se fijaron llamativos carteles, con la fotografía del «Niño de Brooklyn» en traje de luces, proclamando que era el mejor «toreador» de España (!), que iba a hacer una demostración al natural de lo que es el noble arte y otras cosas más para atraer público, «bluff» de puro gusto americano que me hizo prejuzgar con escepticismo la seriedad del espectáculo anunciado.

Temíame, francamente, una españolada más, una de las muchas que comúnmente se dan en el extranjero y que, como es de suponer, nada dicen en nuestro favor ni en el de nuestras costumbres de personas civilizadas; pero me equivoqué de lleno.

El «bullfighter», rubio y alto, genuino tipo anglosajón, limitóse a narrar con sencillez, más bien con ingenuidad, su vida y milagros, desde que inició su carrera en el arte del toreo en Méjico hasta que hizo su debut en Sevilla, en donde, según dijo, fue sacado en hombros de la plaza, y silenciando posteriores actuaciones en otras localidades en las que creo no estuvo tan afortunado.

Franklin, modesto y frío al principio, vistiendo impecable «smoking» durante la parte teórica, tornóse más y más jactancioso, cobrando bríos, al llegar a la práctica, cuando vistió un flamante traje de luces color de oro… Sintiendo entonces correr por sus arterias la sangre torera que el chico de Brooklyn, cual un oriundo de Triana debe poseer, empezó a exhibir su garboso estilo de maestro, con pases estupendos y maravillosos adornos de capa ante un cornúpeto imaginario, que sólo él veía. De haber realizado semejante «faena» en un redondel, y con toro, los «oles» que hubiera arrancado hubieran sido ensordecedores, y se le hubieran otorgado de seguro las dos orejas y el rabo; pero en un teatro neoyorquino nada de esto puede esperarse. Reinaba allí un silencio de convento, interrumpido solamente por el ruido seco de la capa de raso bajo la hábil mano del torero que le imprimía los clásicos adornos componentes de un arte que el público yanqui, indiferente, no comprendía ni comprenderá jamás.

Proyectó luego algunas vistas fijas — instantáneas de él — tomadas durante su «tournée» por la Península, en las cuales, a decir verdad, no lucía ya tan castizo como en el escenario.

Sidney Franklin se propone visitar — según dijo al final de su disertación — varias ciudades de los Estados Unidos y hacer las mismas exhibiciones que efectuara anoche en Nueva York. Su relato y hasta sus verónicas y molinetes no convencerán con toda seguridad a los americanos, pero sí disiparán erróneas ideas que predominan en el extranjero sobre el toreo; pues este yanqui-matador dice mucho del arte y nada de la supuesta crueldad de la corrida. Su labor resulta, por lo tanto, meritoria y hasta simpática, puesto que ella, a su vez, nos hace simpáticos a los ojos de los súbditos del Tío Sam, quienes hasta ahora puede decirse que casi nos tenían por bárbaros o sanguinarios vándalos, mientras ellos desde hace tanto tiempo vienen practicando el boxeo y el fútbol americano, o los cowboys del Oeste celebran torneos, mucho más terribles que el toreo que predica, su compatriota.

Al terminar, unas «palmas», frías y escasas, de mera cortesía, premiaron la faena del conferenciante; pero si, andando el tiempo, volviese éste a España — de lo que no habló — los buenos aficionados le deben por ella una ovación, una gran ovación y un flamenco «ole tu mare» que se oiga desde Nueva York. ¡Sidney Franklin se lo mereció anoche y no hubo quien se lo gritara!


Franklin afirma en su autobiografía, A Bullfighter from Brooklyn, que en México aprendió a torear en la ganadería de Xajay y que su mentor fue nada menos que el Califa de León, Rodolfo Gaona. Se presentó en El Toreo de la Ciudad de México el 27 de julio de 1924, donde hizo su presentación en uno de esos curiosos festejos a plaza partida, en el que alternando con Porfirio Magaña, Gabino Paredes y Manuel Rodríguez Pepete Chico (así lo relaciona Guillermo Ernesto Padilla), dan cuenta de un muy difícil encierro de Cazadero.

Luego marcha a España. Muy en el american way, inicia una campaña de difusión en los medios de entonces y así, desde finales de 1928 se observan en los diarios madrileños gacetillas en las que se anuncia que el torero neoyorkino hará campaña en los ruedos hispanos. Inicia el año de 1929 en Sevilla el 9 de junio, alternando con Camará II y Echevarría en la lidia de novillos de don José Rufino Moreno Santamaría con buena aceptación. El debut en Madrid será el día de Santiago con Maera II y Manolo Agüero, en la lidia de novillos de Eduardo Pagés, antes Francisco Molina, antes Urcola.




De esa tarde, el cronista del ABC de Madrid, Eduardo Palacio, recoge lo siguiente:

Presentación de un torero norteamericano. Al conjuro de tan extraño suceso, se llenó hasta el tejado la plaza de Madrid. Sidney Franklin, acompañado de Maera y de Manolo Agüero, iba a presentarse ante el público de la corte, tras una actuación, ni brillante, ni vulgar, en el coso donostiarra… En Méjico y en sus Estados más importantes, ha toreado Sidney Franklin varias corridas, muchas, las suficientes para aprender a manejar con la soltura que lo hace el capote y no ignorar algunas de las defensas que puede proporcionar la franela… Con la capa escuchó muchas palmas el torero norteamericano, que llegó a lancear hasta por chicuelinas, claro es, que traducidas al inglés, o sea, sin la gracia y el arte de su inventor, Manuel Jiménez. Se distancia mucho Franklin toreando de muleta y el mismo defecto apunta al tirarse a matar… No obstante, despachó su primer toro de una buena estocada, dando el norteamericano la vuelta al ruedo entre una cariñosa ovación…

De vuelta en México, recibe la alternativa en la fronteriza ciudad de Nuevo Laredo. Esto ocurrió el 22 de febrero de 1931. Los toros fueron de Xajay y el padrino, Marcial Lalanda y a partir de allí se diluye un poco la presencia del Torero de Brooklyn, que vuelve a cobrar notoriedad cuando se le anuncia para ser alternativado de nueva cuenta – no tengo noticias de que haya renunciado a la alternativa de Nuevo Laredo, lo que convertiría realmente ésta en una confirmación – en Madrid, el 18 de julio de 1945, en cartel integrado por el caballero en plaza Álvaro Domecq, que enfrentaría un toro de Benítez Cubero y los diestros Luis Gómez Estudiante y Emiliano de la Casa Morenito de Talavera. El toro de la ceremonia fue Tallealto, de Sánchez Fabrés, como todos los que correspondieron a la terna.

Giraldillo, en la crónica aparecida en el diario ABC de Madrid del día siguiente al festejo, dice lo siguiente:

…Sexto. El mejor presentado de la corrida… Cuatro varas, dos pares de banderillas. Franklin brinda al público. Comienza con mucha voluntad. Hace lo que puede e incluso tira del repertorio florido, saliéndonos por manoletinas y molinetes. Dos buenas estocadas y descabella a pulso. (Hay una ovación y algunos piden la oreja, aunque no muy en serio.) Los muchachos se echan al ruedo y pasean a hombros al torero americano… Aparte de la actuación del Sr. Domecq, que tuvo una actuación brillante, tal como de su jerarquía artística era de esperar, la corrida no tuvo relieve… Sidney Franklin… es ya un veterano. Cuando estaba ya casi olvidado del público que hace ya años le recibió con curiosidad, he aquí que el bueno de Sidney se nos presenta con su intrepidez de deportista… se ha empeñado en ser torero… pero el toreo no tiene traducción posible… solo cabe en el habla española en que nació…

Sus últimas actuaciones son en el año de 1959 y resultan en dos festejos mixtos al lado de su discípulo Baron Clements - también estadounidense - resultando herido en el del 3 de mayo, en Ciudad Juárez y culmina el año el 30 de agosto en Tijuana, dando la alternativa al nombrado Baron Clements, en presencia de Jaime Bolaños y Eliseo El Charro Gómez. Ese día los toros fueron de Javier Garfias (7) y uno de Las Huertas. El segundo de la tarde mandó a la enfermería a Sidney, que además vio a su toro regresar vivo a los corrales tras los preceptivos tres avisos. Esta sería la despedida no anunciada del diestro neoyorkino.

No obstante que es considerado por muchos como una especie de advenedizo al toreo, tuvo y tiene sus admiradores. De hecho, Jorge Laverón señala en su colaboración al diario El País de Madrid del día 9 de junio de 2007 lo siguiente:

Toreros de habla inglesa. Sidney Franklin, norteamericano, fue el primer torero de habla inglesa. Tomó la alternativa en Las Ventas de Madrid el 18 de junio de 1945. Su padrino, Luis Gómez El Estudiante, aquel elegante torero de Alcalá de Henares. Testigo de la ceremonia, Emiliano de la Casa, Morenito de Talavera. La marisquería Sidney, en la calle de Francisco Silvela, próxima a la plaza de Manuel Becerra, luce en honor del torero…





Como podemos ver, la defensa y la difusión de la fiesta de los toros se puede hacer desde muchas vertientes, una de ellas es delante del ruedo y frente al toro, en serio, sin parodiar lo que en realidad es la fiesta de los toros. Al parecer y dentro de su particular óptica, Sidney Franklin lo hizo y en los principales ruedos del mundo y eso es algo que luego, se nos dificulta reconocer.

El Torero de Brooklyn murió en Nueva York, en mayo de 1976 a los 72 años de edad.

Aldeanos