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domingo, 5 de junio de 2011

En el centenario de Armillita, VI

3 de junio de 1945: Armillita corta un rabo en su reaparición en Sevilla

Anuncio de la Corrida de la Prensa
de Sevilla de 1945 aparecido en el
diario ABC de Sevilla
Todas las referencias de la Historia parecen llevarnos a la conclusión de que en el año de 1936, Armillita sería el torero que más fechas sumaría en España. La misma Historia nos deja claro que dos acontecimientos, en apariencia desvinculados entre sí, acabarían por impedir en definitiva ese logro. El primero fue la Orden Ministerial publicada en la Gaceta de Madrid del 3 de mayo de ese año, mediante la cual se impusieron a los toreros extranjeros – sin distinguir nacionalidades, aclaro – una serie de condiciones difíciles de cumplir ya iniciada la temporada y suscrita por Enrique Ramos, en esos días Ministro del Trabajo, Sanidad y Previsión de la República Española y el segundo, el inicio de las hostilidades de la Guerra Civil, un par de meses después. Afirmo que la desvinculación de ambos hechos es aparente, porque el tufo político de la Orden Ministerial que menciono no se puede ocultar y creo que algo tiene que ver con los demás conflictos que desembocaron en la sangrienta confrontación armada, pero eso lo discutiré en otro espacio, probablemente aquí mismo.

El hecho es que debido a esa Orden Ministerial, Armillita y un importante número de toreros mexicanos que actuaban en España, sin distinción de categoría tuvieron que volver a México y durante el transcurso de la Guerra y un lustro después de ella, permanecieron alejados de los ruedos hispanos, porque si bien algunos diestros hacían campañas europeas en Portugal y en Francia, el arreglo con la torería española tardó unos años más en producirse y fue precisamente cuando para la campaña invernal 1944 – 45, don Antonio Algara contrató a los primeros diestros españoles que venían a México en preparación de la traída de Manolete para el siguiente invierno.

La vuelta del Maestro Fermín a las plazas españolas

En el ámbito de esa nueva apertura, es que Armillita vuelve a hacer una campaña española, pero ya en términos distintos a las que llevó a cabo entre los años de 1928 a 1936, pues fue a torear en plazas de primera, en un número reducido de festejos y percibiendo honorarios de acuerdo a su indudable categoría. Es así que el resultado final de esa temporada de 1945 se redujo solamente a 32 festejos, 28 en España y 4 en Lisboa. Dos de ellos tuvieron lugar en la Maestranza sevillana y el que me ocupa en este espacio, fue la Corrida de la Asociación de Prensa de Sevilla, misma que tuvo lugar el domingo 3 de junio de ese calendario.

Molinete de Armillita
por Carlos Ruano Llopis
Refiere Filiberto Mira en su libro Medio Siglo de Toreo en La Maestranza, 1939 – 1989, que originalmente se había pensado en Silverio Pérez para formar parte del cartel, dado que El Faraón nunca había actuado en esa plaza, pero al final, la dirección de la Asociación de Prensa consiguió que fuese Armillita el que integrara el cartel de ese tradicional festejo junto con Domingo Ortega y Pepe Luis Vázquez, para enfrentar un encierro de Manuel González Martín – de origen Juan Contreras y hoy correspondiente a la ganadería de Baltasar Ibán –, una vacada que en esas fechas se encontraba en sus horas bajas.

Como dato curioso, Fermín Espinosa había tenido solo 4 actuaciones anteriores en Sevilla. Se había presentado en la Maestranza el 27 de abril de 1930, alternando con Marcial Lalanda y Mariano Rodríguez Exquisito en la lidia de toros de Villamarta; volvió en 1932 y en 1933 actuó 2 veces, cortando una oreja el 20 de abril. Así que en alguna manera, en el decir de José Carlos Arévalo, era un torero visto y no visto…, pero también, quedaba en cierto modo patente aquello que se imputa a la afición hispalense, en el sentido de que los toreros que no son de por esos rumbos, tardan en calar en su ánimo.

La Corrida de la Prensa de 1945

La crónica del festejo, suscrita por Antonio Olmedo DelgadoDon Fabricio en la edición sevillana del diario ABC del martes 5 de junio de 1945, titulada Decíamos ayer…, en clara alusión a la expresión que se atribuye a Fray Luis de León al momento de retomar su cátedra en Salamanca después de dos años de injusta prisión y por ende de separación de ella, en lo medular dice:
¡Con qué gusto ha vuelto a torear Armillita en la Real Maestranza de Sevilla! Había el domingo en la famosa plaza fiesta de campanillas. Armillita era el primer espada de una terna de maestros, que la Asociación de Prensa había elegido para su tradicional y renombrada corrida y en tal oportunidad la preeminente figura mejicana volvía a pisar el ruedo sevillano al cabo de poco más de una década. 
La emoción del artista, ganada por el ambiente, que otro tiempo auspiciara sus claros triunfos, era ostensible en la franca sonrisa que irradiaba la cara de Fermín al hacer el paseo las cuadrillas. Armillita, sin duda, sentía cercano el halago de las palmas logradas en pretéritas tardes triunfales: se le había pasado el tiempo. Y no a renovar añejas proezas, sino a continuarlas salió a la plaza Fermín. Abrió éste su capote ante el primer toro para dibujar unos lances majestuosos a la verónica, que arrancaron el olé unánime; terció en quites con idéntica perfección y las palmas restallaron como el trueno. Aquello era sencillamente que Armillita reanudaba sus enseñanzas en la famosa cátedra del Baratillo, y así, al comienzo de la interesante lección de tauromaquia con que había de regalar el gusto de la afición docta e iniciar en los secretos del arte a los aprendices de aficionado, pudiera haber repetido la famosa frase: «Decíamos ayer... ». 
La lección fue completa, sin tacha alguna. Banderilleó Armillita a sus dos toros con facilidad y limpieza, llegándoles alegremente para lograr la más ajustada reunión; brilló con el capote en lances y quites de ley, más con la muleta logró dos faenas magníficas, la primera brindada al público e iniciada con un perfecto pase de pecho y otro natural por alto, continuada con cuatro naturales soberbios de puro estilo. Esto es, dando la pierna y cargando la suerte como ésta quiere cuando se ejecuta a la verdad. No importó que el toro se aplomara para que Armillita desgranase toda la gama de su extenso repertorio, en el que ni siquiera está excluido el novísimo molinete de rodillas. Vistosísimos adornos pusieron fin a la faena, por sí sola merecedora de la oreja, que no fue concedida, aunque el público la instara insistentemente. Señaló bien Armillita y secundó con media lagartijera. ¿Por qué, pues, el rigor presidencial? Huelga decir que Armillita fue objeto de todos los homenajes. 
En su segundo, un toro manso y gazapón, cuya muerte brindara a Juan Belmonte, Armillita cuajó otra faena por bajo, de muletero grande, la que culminó en derroche de arte y gallardía al torear en redondo, pisando el espada un terreno en la que la jurisdicción del toro quedaba anulada. Después de señalar dos veces, Armillita fulminó a la res de una estocada hasta la bola. Las orejas y el rabo del manso lucieron en las manos del triunfador al dar la vuelta al ruedo y salir al tercio a saludar. Hoy como ayer…
Lo que no cuenta la crónica en torno al suceso

Filiberto Mira tendría cerca de 18 años cuando los hechos ocurrieron y casi once de vivir en Sevilla y asistió al acontecimiento, aunque en sus obras cita también las versiones de dos aficionados, Manuel Baena y Rafael Ríos Mozo. En el libro arriba mencionado afirma que el brindis de Armillita a Juan Belmonte fue de la siguiente guisa:
Con el recuerdo a Gallito, tengo el honor de brindarle esta faena en Sevilla, con el deseo de que sea digna del torero al que se la dedico. Va por Usted, Maestro…
De la versión de Manuel Baena, el mismo Filiberto Mira invoca directamente la siguiente afirmación:
Al terminar esta corrida me comentó Manuel Baena, aficionado ultragallista: Niño, con lo que le has visto hoy a Armillita, ya tienes idea de lo que fue José el Gallo. Sólo José podrá igualar lo que esta tarde le ha hecho Armillita al cuarto toro. Y fíjate bien, que te digo igualar, porque superar lo de Armillita es un imposible en el toreo…
Años después, Fermín Espinosa le referiría al propio don Filiberto el siguiente suceso, ocurrido en los días posteriores a la corrida:
…fui yo con mi esposa después a dar un paseo en coche con caballos por Sevilla y los hombres se descubrían al verme pasar. Después hicimos parada en el Parque de María Luisa, para tomar un refresco en el Bar Bilindo. Al verme descender los que estaban allí se pusieron de pie y me dieron una gran ovación. Ese ha sido uno de los más grandes momentos de mi vida de torero. Una cosa como esa, sólo es posible en Sevilla…
Para terminar

Armillita, triunfador
Tras de este, su gran triunfo en Sevilla, Armillita volvería a La Maestranza al año siguiente y actuaría tres veces en su albero. El día de la Asunción – de la Virgen de Los Reyes, dicen allá – dictaría su postrera lección magistral en el Baratillo – también en Corrida de la Prensa –, pero eso quizás sea objeto de otro espacio, aquí mismo.

domingo, 28 de noviembre de 2010

Detrás de un cartel (IV)

En una entrada anterior, también referida a un festejo celebrado en La Maestranza, decía que un cartel de toros puede ser apreciado desde muchas aristas. Hoy agrego que también pueden ser muy variados los recuerdos que traiga a aquellos que vean el cartel después de tiempo, sea porque asistieron al festejo y les trae a la memoria momentos vividos o porque sin haber estado en la plaza, o se conoce a alguno de los que en él participaron o se mantienen recuerdos con hechos posteriores que guardan relación con él.

El domingo 20 de mayo de 1956 se anunció una novillada, seguramente dentro del abono de la temporada sevillana, que vería la presentación de un torero madrileño, de dinastía, como lo es el caso de Félix Saugar Pirri y la actuación de otros dos que estaban ya prontos a tomar la alternativa uno andaluz, Juan Antonio Romero ya conocido como El Ciclón de Jerez – como podemos ver, el remoquete no es ni novedoso, ni exclusivo del que actualmente lo usufructúa – y el otro, sudamericano, de Colombia, Pepe Cáceres, que unos meses después, en esa misma arena, sería elevado a la categoría de matador de toros.

Los toros

Para la ocasión la Empresa Pagés puso un encierro de los herederos de Baldomero Sánchez y Sánchez, vacada que inicialmente se formó a partir de un lote de ganado de la legendaria de Aleas que se cedió a Emilia García – Aleas. Baldomero Sánchez lo adquirió en 1948 y le agregó simiente de Carlos Núñez y cuando fallece en 1955, se anuncia a nombre de sus herederos, que la enajenan en 1956 a José Luis Hidalgo Rincón. Tras pasar por diversas manos, entre ellas las de José Luis Martín Berrocal, llega a las de Juan Antonio Ruiz Espartaco, a cuyo nombre se lidia en la actualidad, cambiando la base ganadera, por la de Domecq.

La tarde que me tiene delante de Ustedes en la relación que presentó Gómez Bajuelo a los lectores del diario ABC de Sevilla, refiere acerca del encierro, estos reveladores conceptos:


Magnífica presentación de novillada: ¿Quién dijo que las gentes no eran aficionados al toro? Se ha dicho y creo que se ha escrito. Quedaban tan solo los viejos aficionados. Los de ahora mostraban su preferencia por la res liviana y cómoda, propicia al toreo moderno. Se hablaba de la humanización de la fiesta y se resumía el concepto en la frase de que con el toro antiguo no se podía ejecutar el toreo de hoy. Sin embargo, el domingo ocurrió algo muy distinto, que nos encauza a revisar ciertas afirmaciones. Ocurrió que los herederos de don Baldomero Sánchez enviaron una novillada de peso, poderosa y alta de cabeza... El salto a la areba de estos bichos provocó, súbitamente, una reacción admirativa en el público, corrieron aires de emoción por el graderío. Tono de revalorización de la fiesta y asentimiento clamoroso en la presencia y en algunos arrastres, canalizados hacia el palco ganadero. Y si la alegre y poderosa acometida no tuvo... una continuación de bravura, considérese que los novillos son desechos de tienta... Constituyó, pues, un éxito la presentación... Y en bravura y genio brilló, por encima de todos, el que abrió plaza...

Félix Saugar, Pirri

Pirri: 9 tardes en Las Ventas y 16 en La Chata
Decía que Félix Saugar es un torero de dinastía. Y es que su padre y sus hermanos se han dedicado a ser toreros, aprendiendo en el viejo matadero de Madrid, el de Legazpi, en donde Félix, Emilio, Manolo y Lorenzo Saugar conocieron las primeras letras ante los toros que encontraron la muerte sin el brillo ni la gloria de las plazas de toros.


Emilio y Lorenzo fueron desde siempre hombres de plata. Félix intentó ser matador de toros, pero como lo cuenta él mismo en un espléndido reportaje de Vicente Zabala Portolés que nos presenta Paco Abad en su Aula Taurina de Granada, los toros le castigaron mucho y pronto. Por eso empleó las enseñanzas obtenidas en ser un extraordinario subalterno, porque llevar a un Pirri en la cuadrilla hoy y siempre, ha sido una seguridad y un lujo.

Los vigentes Pablo – él sí llegó a matador de toros –, David y Víctor Hugo confirman esa gran calidad con la capa y con los palos y es recurrente el apellido Saugar o el apodo Pirri yendo de fijos en cuadrillas de toreros como Luis Miguel Dominguín, Pedrín Benjumea, José María Manzanares, El Soro, César Jiménez o El Cid.

De su actuación esta tarde, Gómez Bajuelo, en la crónica en cita, destaca lo siguiente:


El debut del 'Pirri': Hizo su presentación en esta plaza Félix Saugar ‘Pirri’, precedido de fama por sus actuaciones en las plazas nórdicas. Le tocó el primero de la tarde, bonito, levantado de cabeza, acometiendo con alegría... En este novillo, el ‘Pirri’ causó muy biena impresión... el genio del animal encontró el reductor de unos doblones eficaces del torero, sin perderle la cara al astado. Hubo aguante en los primeros redondos, aplaudidos por el respetable, y después, la excelente ejecución de cuatro redondos, ligados con el de pecho, provocaron la ovación y los sones de la música... Buena faena, en la que el torero no se dejó dominar por el temperamento del novillo... El ‘Pirri’ salió al tercio a saludar...

El Ciclón de Jerez

El torero jerezano volvía a Sevilla. Por lo que narra Gómez Bajuelo en su presentación no había confirmado la fama que se había labrado toreando por fuera, pues califica su paso por allí de borroso y desvaído. En esta oportunidad le va a resaltar lo que sería la divisa de su paso por los ruedos, el ánimo y la voluntad, aquellas virtudes que motivaron a Manolo Liaño, a llamarle hace ya once lustros El Ciclón de Jerez. Juan de la Plata escribe al respecto en su Historia del Toreo en Jerez:


…Juan Antonio Romero recibiría el sobrenombre de ‘El Ciclón de Jerez’, acertadamente impuesto por el crítico taurino del diario ‘Ayer’, Manolo Liaño. Sobrenombre muy bien aceptado por el torero, que lo utilizaría en su propaganda, y que sería recogido y aprovechado por los empresarios, que a partir de entonces, lo colocarían bajo su nombre, en los carteles de las numerosas corridas que llegaría a torear…



¡12 orejas, 3 rabos y 1 pata!
Ese toreo alegre en todos los tercios, le vuelve el amo del Rincón del Sur y así, el 17 de julio de 1955 acomete la hazaña de torear 3 festejos en un día, en San Fernando al mediodía, en Jerez por la tarde y en Cádiz en la noche, redondeando una terna de triunfos reflejados en 12 orejas, 3 rabos y una pata. Vistió el mismo terno grana y oro, el que después ofrendó a la Virgen de la Merced, patrona de Jerez. Sus alternantes en distintas combinaciones fueron Chano Rodríguez, El Pío y mi paisano Joselito Huerta.  Este episodio también lo recuerda con emoción don Marciano Breña Galán en su bitácora De España Hasta los Cantares.

Tras de tomar la alternativa en 1956, permanece en ese escalafón hasta 1961, pues en 1962 y hasta el 68, pasa a formar con los hombres de plata, siendo parte de las cuadrillas de Antonio Ordóñez, Victoriano Valencia y Luis Parra Jerezano. En 1966 vuelve a tomar muleta y estoque, permaneciendo en el escalafón mayor hasta 1968, cuando vuelve a vestir la plata para formar parte de la plantilla de Miguelín y de Currillo. Fallece a causa de una larga enfermedad el 29 de diciembre de 1974, a los 42 años.

Manolo Liaño reflexionó en diciembre del año 2000 lo que fue el paso por los ruedos de este torero de la siguiente manera:


Juan Antonio Romero fue el más claro ejemplo de profesionalidad, de entrega total y honradez… fue uno de los toreros más taquilleros de la segunda mitad del siglo que se nos va de las manos. Para las empresas, un cheque al portador. Como lo fueron en su tiempo ‘Litri’ y Aparicio, ‘El Cordobés’, Paco Ojeda y como lo es hoy en día ‘El Juli’…

Pepe Cáceres

Al único que vi en los ruedos fue a Pepe Cáceres. Fue la tarde del 6 de mayo de 1973 en la Plaza de San Marcos, en la última corrida de nuestra Feria de Abril de ese año. Es una de las tardes que se me han quedado en la memoria, porque en ella Rafael Gil Rafaelillo realizó una de las faenas más grandes que he visto en mi vida. Ese día Pepe Cáceres estuvo aseado, pero sin fortuna y es que el primero de su lote le pegó un cornalón a su peón Manolo Pérez, prensándolo contra las tablas del burladero que queda abajo del tendido de sol, al salir de un par de banderillas. Tras de ello, el torero colombiano pareció tener la mente en otro lugar.

Pero esta tarde de diecisiete años antes, la historia era otra. Estaba en pleno asalto a la cumbre y repitió triunfo en la Maestranza, cortando una oreja y dando un par de vueltas al ruedo tras de terminar con el sexto, que brindó nada menos que a Juan Belmonte. Y lo sacaron en hombros, porque como escribe don Antonio Burgos:



...Por la calle Iris. Como siempre se han sacado a los toreros en Sevilla, antes de la moda del mito del cuento del envergue de tanta Puerta del Príncipe… O por la del Príncipe o ninguna, parecen decir. No quieren salir por la calle Iris, como no sea andando y hacia el cochecuadrillas aparcado en la calle Antonia Díaz… Cuando por la calle Iris, y a hombros hasta el Hotel Cecil Oriente donde se vistió, salió Curro Romero la tarde de su debú y su triunfo con «Radiador» de Benítez Cubero. Por la calle Iris han salido a hombros Manolete y Arruza, y Antonio Ordóñez, y Pepín Martín Vázquez, y Pepe Luis Vázquez, y Chicuelo. Entonces era lo normal. Por eso la otra noche daba gloria ver a los chavales compañeros del novillero triunfador que se echaron al ruedo y lo sacaron a hombros por la calle Iris, y por Antonia Díaz lo llevaron hasta el hotel. Recuperada la costumbre, conviene, pues, aclarar que aquí no está prohibido sacar a un torero a hombros por la calle Iris. Aunque parezca lo contrario...

Su affaire con Sevilla continuaría, tanto, que el 30 de septiembre de ese mismo año, don Antonio Bienvenida le haría matador de toros en ese mismo ruedo cediéndole al toro Secretario de don Joaquín Buendía, delante de José María Martorell. Iniciaba así una larga trayectoria en los ruedos que se prolongaría durante tres décadas y una miajita más.



Pepe Cáceres, dice Gloria Sánchez – Grande, acabó mal. El día 20 de julio de 1987, el toro Monín, de la ganadería de San Esteban de las Ovejas le infirió una cornada en el tórax en la plaza de Sogamoso – misma que hoy lleva su nombre – y a causa de esa herida falleció en Bogotá el 16 de agosto siguiente. Un interesante reportaje sobre el final de este torero, – publicado en La Revista de la Asociación Taurina Cultural, que es quizás el más clásico que ha dado Colombia –, lo pueden leer entre las Cosas de Toros de Cordoncillo.

La letra pequeña: El Coli

Así apareció en La Vanguardia de Barcelona
En la parte del cartel dedicada a informar los nombres de los que integran las cuadrillas de los diestros actuantes, aparece un nombre que me llamó la atención, el del banderillero gitano Manuel Leyton El Coli, que iba en la cuadrilla de Juan Antonio Romero. Este nombre lo conocí por voz de mi paisano Jesús Delgadillo El Estudiante, quien actuó en la tarde del 15 de agosto de 1964 en Las Ventas, con José González Copano y José Teruel El Pepe, cuando el pitón de Cuatrero de Ángel Rodríguez de Arce le penetró por un costado y le hizo llegar sin vida a la enfermería.

Andrés Travesí escribió una extraordinaria pieza, casi una oración fúnebre en la edición del ABC madrileño del día siguiente de la tragedia, de la que extraigo lo siguiente:


‘El Coli’, Manuel Leyton, ‘El Coli’, esperó a ‘Cuatrero’ – un nombre para la historia dramática de los toros: negro bragao, número 88, de la ganadería de don Ángel Rodríguez de Arce, de El Espinar – con el capote desplegado. El novillo, un cuatreño con cuajo de toro, había rebrincado al pisar la arena, tenía poder en su poderosa cabeza y llevaba la muerte en sus afilados cuernos. ‘El Coli’ le tanteó por la izquierda: ‘Cuatrero’ se revolvió pronto y acudió al engaño. Buscó el cuerpo. ‘El Coli’, Manuel Leyton, ‘El Coli’ – un nombre para la historia dramática del toreo – cayó al suelo pesadamente, de bruces. ‘El Coli’ quedó inmóvil. En el suelo, por debajo de la chaquetilla, le prendieron de nuevo los afilados puñales de ‘Cuatrero’... ‘El Coli’, en un último y supremo esfuerzo, se incorporó levemente. Fue un instante de angustia que muy pocos espectadores, distraída su atención por los azares de la lidia, pudieron percibir. ‘El Coli’ se derrumbó definitivamente. Cuando lo recogieron no llevaba sangre en su traje de luto, pero llevaba ya la muerte en el alma...


El escueto parte médico del doctor Jiménez Guinea dice así:

Durante la lidia del primer novillo, el banderillero Manuel Leyton Peña, 'El Coli', ingresó en la enfermería ya cadáver, con una herida por asta de toro en la región costolumbar del lado izquierdo.

La novillada se suspendió tras del arrastre del tercero de la infausta tarde.

También El Coli acabó mal. Y cómo Pepe Cáceres, entró a la gloria taurina, pero por la angosta puerta del sepulcro.

Y termino

Las historias que hay detrás de un cartel se entrelazan y nos presentan aristas de la vida de los personajes que lo integran que van más allá del festejo que se anuncia. Algunas de las historias de este cartel de hace 54 años son las que pongo aquí. Espero no haberme extendido más allá de lo medianamente razonable.

domingo, 30 de mayo de 2010

Miguel Ángel

El tema de hoy no se refiere al artista del Renacimiento que es uno de los más altos referentes de la cultura universal. La única coincidencia está en el nombre y es uno de los casos que nos recuerdan que el drama de la fiesta no está sujeto a un guión escrito previamente, ni que las lesiones que sufren los diestros en el redondel son de las que se curan sin secuelas. Esta historia de un valentísimo y carismático torero mexicano del mediodía del pasado siglo, nos deja claro que los toros pueden dar dinero, posición y fama, pero también – y de eso tenemos algunos ejemplos recientes – dan graves cornadas que en determinadas circunstancias pueden terminar con la vida de quienes las reciben.

Miguel Ángel García Medrano

Fue originario de Apan, Hidalgo, donde nació el 29 de octubre de 1929. Su presentación como novillero en la Plaza México ocurre el 30 de julio de 1950 y entre ese domingo y el 22 de julio de 1951, Miguel Ángel – así se anunciaba en los carteles – entraría definitivamente en el ánimo de la afición de la capital mexicana. En esta última fecha alternaba con Julio Pérez Vito y Fernando de los Reyes El Callao y aunque la tarde fue del tlaxcalteca de la mirada triste con Cuadrillero de San Mateo, en su turno al quite con este toro, el Güero - en México llamamos güero a los rubios - realizó uno por gaoneras que terminó por definirle ante la afición de la capital mexicana. En palabras del bibliófilo Daniel Medina de la Serna:


El Güero Miguel Ángel era un desesperado en busca de gloria… o tal vez de la muerte; la aguja de su brújula no sabía marcar otro derrotero que el del ‘arrimón’ ahora sí y mañana también y a la menor oportunidad o provocación, clavaba los pies en la arena y pegaba, sin darle ninguna importancia a los pitones, sus gaoneras tremebundas. Nunca fue un torero de arte, ni de clase, pero sí un torero con emoción de alto voltaje…
Se mantuvo en el interés de la afición, aunque con pronunciados altibajos hasta el año de 1953, cuando marcha a España a hacer campaña como novillero, de la mano del Coronel Escalante, que lo puso a cargo de Domingo González Dominguín, para que lo apoderara en la península, presentándose en Las Ventas el 4 de octubre de ese calendario.

Bajo el signo de la sustitución

Algunas de las fechas señaladas de la carrera de Miguel Ángel García estarían marcadas por el signo de la sustitución. Su presentación en la Feria de Abril sevillana, el 2 de mayo de 1954 se dio por ese medio, cuando Jaime Ostos, por motivos relacionados con su servicio militar, no estuvo en posibilidad de actuar junto al lusitano Paco Mendes y Pepe Ordóñez para despachar un encierro de don Felipe Bartolomé. Así fue que Domingo González le consiguió al Güero la oportunidad de actuar en la Maestranza y de iniciar temprano y en una feria de importancia su temporada de ese año.

El primer novillo de la tarde le correspondió a Miguel Ángel y lo sucedido lo describió así Gómez Bajuelo, cronista del diario ABC de Sevilla en su edición del 4 de mayo siguiente:




El signo dramático de la Feria...

La Feria de este año ha tenido un signo dramático. Con él, más acusado aún, se cerró la novillada del domingo. Toreros de todas las categorías – matadores, banderilleros, picadores y hasta "espontáneos" – quedaron prendidos de las astas de las reses y pasaron triste y obligada visita a la enfermería. ¿Desentrenamiento, impericia, pujanza del toro en abril? Tal vez haya habido de todo un poco. Lo cierto es que el balance ha sido doloroso. Y no más en sus consecuencias, porque en Sevilla, la intervención facultativa es firme vehículo de la misericordia divina…

…Un espontáneo, en varios pases, descabaló la pureza inicial del arranque del novillo. Esto hubiera sido suficiente para que Miguel Ángel, rehusando el propósito preconcebido, se hubiera atenido a las circunstancias. Pudo más su afán valeroso. Y en terrenos del 2, sin esa soledad que fija más la atención del bicho, intentó el cambio de rodillas. Este alcanzó al espada que, entre la emoción del público, con mueca de dolor en el rostro, caminó hacia la enfermería en los diligentes brazos de las asistencias...
La cornada que recibió Miguel Ángel fue gravísima, el primer parte facultativo rendido por el doctor Leal Castaño fue el siguiente:


Fue asistido durante la lidia del primer toro, el mejicano Miguel Ángel, de una herida que le interesa la bóveda del palatino, alcanzando el peñasco, con fractura del mismo; parálisis del nervio facial y otorragia. Pronóstico: gravísimo.
Una vez que el torero fue trasladado a la clínica de Nuestra Señora de los Reyes, con el equipo adecuado, se practicaron nuevos estudios y se rindió un parte complementario, mismo que ya refleja otras lesiones que no se apreciaron en las primeras curaciones practicadas en la enfermería:


El diestro mejicano Miguel Ángel García, sufre una herida por asta de toro que interesa paladar interior y posterior y que atravesando la fosa tiroidea derecha alcanza el peñasco, fracturando la base del cráneo con parálisis del nervio facial. Gran otorragia. Pronóstico gravísimo. Durante la cura se le hizo una transfusión de sangre de 200 centímetros cúbicos.
La evolución de la recuperación del torero fue objeto de seguimiento por los diarios españoles de la época, que reproducían los partes que periódicamente remitía el equipo médico encargado de su atención. Se vio la conveniencia de hacer llegar a la madre de Miguel Ángel a acompañarle y facilitarle su restablecimiento, de lo que el semanario madrileño El Ruedo publicó un amplio reportaje gráfico y que está a la vista en la bitácora del Aula Taurina de Granada que con acierto y afición administra el buen amigo Paco Abad.

El torero se recuperó y logró tomar la alternativa al final de la temporada. Fue en Palma de Mallorca, el 26 de septiembre, cuando José María Martorell ante el testigo Victoriano Posada, le cedió a Miguel Ángel García el toro Barreto de Ramos Matías Hermanos. Ya como matador de toros, el valiente torero de Apan regresó a México. También les reenvió al reportaje gráfico de El Ruedo que obra en el Aula Taurina de Granada.

La debacle

Miguel Ángel confirmó su alternativa en la Plaza México el 16 de enero de 1955. Lo apadrinó Ricardo Balderas que le cedió al toro Trueno Verde de Torrecilla delante del cordobés José María Martorell, pero la crisis estallaría al domingo siguiente, en la confirmación de Jumillano y así lo contó en su día Pocapena en el diario Esto:


Miguel Ángel dio la vuelta al ruedo, salió a los medios a saludar y se fue a la enfermería donde los médicos que lo asistieron diagnosticaron que no estaba en condiciones físicas para seguir toreando. Al torero no le convenció la opinión de los facultativos y volvió al callejón, donde su apoderado, amigos y compañeros pudieron apreciar, por incoherencias manifiestas en su conversación, que era un disparate salir a despachar al segundo suyo, último de la corrida y el de más peso, pues dio en la romana 540 kilos…
José Octavio Cano, en el mismo diario, le dirige estas sentidas reflexiones:


Con una nerviosidad terrible he seguido las incidencias trágicas de tu negativa a dejarte sacar de la plaza porque los médicos ordenaban que tu no estabas en condiciones de poder lidiar al sexto. Y sin embargo lo hiciste…

Te impusiste al fin de cuentas sobre los gendarmes, sobre los médicos, sobre la multitud que acabó pidiendo que te fueras. Pero sigo creyendo que a pesar de todo, ni los médicos, ni la autoridad, ni nadie, debieron haberte dejado continuar. Los ruedos de las plazas de toros no deben convertirse nunca en piedra de sacrificios humanos…

Lo que me parece necesario y urgente, por razones puramente buenas, es que por este año al menos, es que te retires de los toros, Miguel Ángel. Tú necesitas rehacerte física y moralmente. Y digo moralmente, porque los pitos que has escuchado en tus dos tardes te han herido… Creo que te han hecho muy mal en traerte en estas condiciones y sobre todo en haberte lanzado a los ruedos a una lucha desigual con los hombres y con los toros.
Y es que, cuenta también Daniel Medina de la Serna, al mediar el festejo, Miguel Ángel comenzó a insistir a gritos que estaba en Sevilla y que en su siguiente toro iba a pegar un repaso a todos esos gachupines. Eso motivó que el Juez de Callejón pidiera que los médicos lo examinaran y tras hacerlo, ellos determinaron que no estaba en aptitud de continuar en la lidia. El hecho trascendió y de nuevo es el semanario de Madrid, El Ruedo, el que publica un amplio reportaje gráfico sobre el asunto, el que también pueden ver en la casa de Paco Abad.

Aún tendría arrestos para ir de nuevo a España, confirmar en Madrid el 19 de mayo de ese 1955, curiosamente entrando al cartel de nuevo por la vía de la sustitución, en este caso - paradójicamente - de Pepe Ordóñez. Esa tarde, Manolo Vázquez – que también sustituía a Antonio Ordóñez – le cedió al toro Ratonero, de Carlos Núñez, en presencia de Jumillano. Esa campaña española le redituaría un total de 6 corridas de toros.

Su tristísimo final

Miguel Ángel se mantuvo en activo hasta 1959, cuando toreó su último festejo en la Plaza México. Fue un festival a beneficio de la Unión Mexicana de Matadores, en el que alternó con los rejoneadores hermanos Ruiz Loredo, Andrés Blando, Ricardo Balderas, Pepe Luis Vázquez - mexicano - y El Callao. Los altibajos de su estado mental ya no le permitían mantener una actividad constante en los ruedos y por eso mismo, las empresas no hacían el intento de contar con él. Tras del festejo, manifestó lo siguiente al semanario capitalino Claridades:


He acostumbrado a las empresas a que me la juego cada vez que salgo y no me perdonan que alguna tarde no corte orejas… últimamente me regatean los centavos en forma que me hace pensar que ya está bien de lucha inútil y que mejor será que me retire…

Miguel Ángel García fue encontrado sin vida en una banca del Paseo de la Reforma de la Ciudad de México en septiembre de 1974. Su cadáver ingresó a la morgue como desconocido y cuando ya los estudiantes de medicina lo utilizaban para prácticas anatómicas, uno de los médicos forenses advirtió las cicatrices de las cornadas en sus muslos y le comentó a Pepe Alameda el hallazgo, quien acudió a identificarlo y permitió así que sus familiares pudieran darle la debida sepultura.

martes, 2 de diciembre de 2008

Agua de borrajas...


La última semana de noviembre se manejó con insistencia, más en la prensa de Sevilla, que en la local, que la XI edición de la Feria Mundial del Toro se verificaría aquí en Aguascalientes.

Incluso, se afirmó en alguna nota del diario ABC de la capital Hispalense que la organización de esa Feria sería una especie de arranque de la campaña del actual Alcalde de la capital hidrocálida para tratar de obtener la candidatura al Gobierno del Estado, misma que estará en disputa a mediados del año 2010.

Hoy ya tenemos noticias más o menos ciertas de que en realidad se trataba de vender una especie de franquicia de la Feria a nuestra municipalidad y de que, con algún retraso, se celebrará en la capital andaluza como ha venido ocurriendo en la última década.

Lo único que me resulta claro de todo esto, es que nuestro Alcalde (que es co – titular de una ganadería de lidia), fue llevado del tercio a los medios por alguien, que lo dejó allí emplazado, sin medir que todo acabaría precisamente en lo que dice el título de este post, porque la XI Feria se dará donde siempre y si no, al tiempo.

La fotografía es de Antonio Martínez tomada el 23 de julio de 2006.

Aldeanos